27.6.06

Oda a los gatos


Me llevo bien con mi gato porque cuando le llamo, no viene. Si su nombre suena en mi boca con tono cariñoso y exultante, entonces quizá levante la cabeza y me mire expectante. Quizá maúlle a su vez, contestándome sereno, con rumor tintineante, como el balido de Copito de Nieve llamando a Heidi. Pero nunca viene cuando le necesito, sólo viene cuando le apetece.

Cuando le hago ver que puede encontrar en mi regazo un hueco confortable, con un par de sonoras palmadas en el muslo, entonces sí, aparece trotando y mullido. Deja caer sus ocho quilos de cojín blandito, caliente y vivo sobre mí, y se acomoda durante un buen rato. Busca el mejor hueco, se hace un ovillo, cambia mil veces de postura, me pisa el estómago y siempre, sobre todo cuando llega el verano y la ropa se hace más ligera, busca con su patita mi pecho, como preguntándose si esta vez le daré de comer. Cuando ve que no estoy dotada para alimentarle, se queja, maúlla con la boca abierta de par en par, con un lamento que suena como un lastimero "¡pero mamá!". Y como no hay de comer, olfatea cuanto puede, lame, chupa y se relame al olor de mi colonia. Y si no llevo colonia, será por la crema hidratante. Y si no, el desodorante. Y si no, el gel de ducha. El caso es que a mi gato siempre le huelo bien y por eso me lame. No se trata de una demostración de cariño, como los babosos lengüetazos de un perro cualquiera.

Me llevo bien con mi gato porque no me hace caso, ni me necesita; porque a veces desaparece y paso un día entero sin saber de él. Porque resulta divertido buscarle y encontrarle siempre en el lugar más confortable y cálido de la casa, que suele ir variando según la estación del año en que nos encontremos. Y así, mi gato resulta ser siempre el mejor indicador de comodidad.

Me llevo bien con mi gato porque casi nunca se queja, sólo cuando tiene hambre y sólo porque no tiene manos para abrir el paquete de comida, que si no, él mismo se la echaría. Ya lo intenta con los dientes, pero claro, no es fácil.

No pide cariño, sólo una caricia de vez en cuando. Y aunque nadie esté por la labor de dársela, a él de la igual y se la toma, acariciándose con la barbilla contra las piernas de su favorito en ese momento.

Me llevo bien con mi gato porque me deja hacer mi vida. Ni da ni pide nada, sólo está para compartir ese rincón calentito del sofá. Y si no le interesa mi compañía, se va.

Me llevo bien con mi gato porque no es servil ni traicionero: es compañero, es un igual.

Y a veces, echo de menos sus acertados gestos: esa altivez en respuesta a mi soberbia; esa distante piedad, cuando me encuentro mal; esa capacidad para dejarme sola cuando quiero estarlo y acompañarme cuando necesito un amigo; esa sabiduría infinita para aplacar un grito injusto y para ganarse una caricia. Echo de menos esa conciencia de igualdad en muchas de las personas que me rodean y que siempre son más o menos que yo: siempre exigen sin agradecer, adulan sin razón o, sencillamente, ignoran cómo pararme los pies.

A veces, tengo que ser gata. A veces, sólo mi gato puede comprenderme. Y quien quiera un perro que se lo compre; con los gatos no se puede.

23.6.06

Autología Número N

Me dispongo a escribir la autología de las autologías, el artículo autorreferencial por excelencia: hoy no sólo voy a hablar de mí, sino de cosas que hago, como este blog. Mi yo interno y mi yo externo, mi ser y mi estar: mi propia autología nunca consensuada.

Hoy voy a hablar de las palabrejas que aparecen al lado de este post, en la columna de la derecha, por si alguien tenía una mínima curiosidad al respecto: se trata de categorías creadas gracias a un portal delicioso, cuyo descubrimiento debo agradecer a Matías. Por muy delicioso que sea, dicho portal no sabe hablar más que inglés, y seguramente resultará muy útil para los creadores de blogs anglófonos, que al parecer, son parcos en palabras. Yo quería crear categorías, es cierto, pero será verborrea o alguna otra enfermedad. El caso es que no me bastaba con poner aquí, ordenadamente, palabras sueltas que pudieran sugerir a mis posibles lectores el tema de que tratan las diferentes entradas, seguramente porque mis entradas no tienden a ser homogéneas ni mucho menos. Me hacía falta unir varios conceptos, o crear conceptos nuevos e inestables por naturaleza, como el material radioactivo. Dado que en delicious no era posible (o yo no fui capaz) poner más de dos palabras en cada tag (o categoría), sin que fueran inmediatamente separadas, como los hermanos gemelos al nacer en un telefilme cualquiera, decidí inventarme las palabras, con un nombre más o menos rimbombante, que resultara, si no sorprendente, al menos divertido para mis (escasos) lectores.

Autología, para quien todavía no lo haya adivinado, se vinculará con artículos autorreferenciales o biográficos. Estetoscopiética es un intento de reunir en un único "palabro" la ética y la estética, aunque se me coló el estetoscopio del doctor House por medio, será porque él nunca lo usa. Musicalería no habla de música, ni de crítica musical seria, sino de lo que me hace sentir la música. Poeticología es una antología poética bloguera. Quejiquerías aúna las críticas con espíritu quejica que gusto de hacer en estas páginas. Reflexiojos es un compendio de reflexiones reflejadas. Y revoltillo, una receta gastronómica que por fuerza lleva huevo.

Espero que os gusten y que os sean útiles.

De momento, siguiendo las recomendaciones (o friki-ideas) de un bloguero-comentador muy eficiente, aquí os doy una pista de lo que soy en realidad. Autología Número n:

Artificial Lifelike Machine

16.6.06

España en "Er Mundiá"

Los mundiales de fútbol, como casi cualquier otra competición deportiva internacional -salvo las de balonmano, que desde que se fue Iñaki, ya no las ve nadie-, suelen ser una buena excusa para hacer gala del patriotismo eufórico y triunfalista más visceral.

Por mi parte, me voy a ahorrar el disgusto de caer en semejante tentación, inclinándome por la prudencia más escéptica en lo que se refiere a las posibilidades de victoria del mal llamado "combinado español" -huevo frito con patatas y filete de ternera. Estas son las razones que apoyan mi tesis:

  1. La tradición: un equipo que cae eliminado tradicionalmente en los momentos decisivos no parece tener muchas posibilidades de ganar.
  2. La calidad humana: un equipo que cae eliminado tradicionalmente en los momentos decisivos no puede escudarse siempre en la mala suerte. Hay que reconocer que los nervios traicionan y que el adversario es mejor, más fuerte, aunque sólo sea a nivel psicológico. Un futbolista de élite no puede permitirse el lujo de fallar un penalti por más que haya 100 millones de personas pendientes del resultado que depende del tiro o 5.000 cámaras apuntándole.
  3. Las maneras: ningún equipo dirigido por un tiparraco malaje, borde, antipático y maleducado como Luis Aragonés merece ganar nada. La justicia final del deporte es implacable.
  4. La representatividad: un futbolista que se queja por tener que levantarse a las ocho de la mañana -con el día muy avanzado, para muchos de los que seguimos los partidos desde casa- no tiene derecho a representar a todos los españoles.
  5. La estética: mi lema en este sentido es "desconfía de los hombres que se hacen mechas". ¿Qué podemos esperar de un deportista más preocupado por su imagen que por sus resultados? ¿Vamos a creer en esta panda de patanes presumidos? Si al menos tuvieran buen gusto, podríamos darles una oportunidad, pero ejemplos como los de Albelda o Cañizares apuntan en sentido contrario.
  6. La canción del mundial: ni "opá" ni "a por ellos" se merecen mis respetos. A escupirles, a otros. Sin comentarios.

Declaración final: si, a pesar de todas las razones en contra, España gana el mundial, me alegraré, pero en ningún caso me retractaré de todo lo dicho. Ea.

13.6.06

Pensar y Hacer

Esta debiera ser la segunda entrada dentro de la categoría "Reflexiones", y así sería si supiera como organizar este blog en categorías, pero no es el caso. La primera se llamaba "Sueños" y anda perdida por la marea, con marejada a fuerte marejada, de las aguas atlánticas -frías, violentas, enormes- de este blog.

Alguien me dijo una vez que "el cerebro no aprende pensando, sino haciendo".

A lo que me gustaría añadir: el mejor síntoma de madurez no consiste en ser capaces de plantear en abstracto las soluciones más adecuadas, convenientes, precisas y prácticas a los problemas más complejos; el mejor síntoma de madurez consiste en tener la valentía de arriesgarse a poner en práctica dichas soluciones. Resumiendo, aprendemos de las decisiones que tomamos, erróneas o acertadas. Arriesgarse es aprender a vivir. El momento presente no es un ensayo de un futuro ideal e inexistente, es definitivo: hay que arriesgarse. O aceptar la muerte en vida que suponen el tedio y la falta de iniciativa, el esperar a que las cosas cambien o, peor aún, el desearse suerte.

7.6.06

Lenguas que unen y separan

Hacer uso de una lengua es ejercer una voluntad de entender. Para eso sirven las lenguas, tanto en su vertiente oral como en la escrita: para entenderse uno mismo -todos hablamos solos, todos formamos frases en nuestra mente antes de pronunciarlas para estar seguros de transmitir el significado apropiado- y para entender a los demás.

Ninguna lengua es perfecta, porque todo es mejorable, pero en el uso práctico se acercan mucho a la perfección. Son sencillas, por su carácter directo y porque todos, desde edades tempranas, hemos sido capaces de usarlas; pero al mismo tiempo son complejas por abarcar toda una serie de signos y símbolos que van mucho más allá de la mera expresión fonética, y que son capaces de transmitir, con bastante precisión, casi cualquier idea, pensamiento, emoción o sentimiento. Y además, las lenguas son entes vivos, que se renuevan y se adaptan constantemente y casi sin esfuerzo, sólo con el uso, a las necesidades de los hablantes.

Las lenguas unen, crean puentes de comunicación, que a su vez refuerzan los lazos vitales: los lazos que establecemos con quienes convivimos, con las personas que llegamos a conocer. Bien usadas, las lenguas son generosas, porque facilitan la comprensión del otro. Con las lenguas, salimos de nuestro autismo emocional para acercarnos a lo ajeno. Las lenguas nos permiten aspirar a lo universal.

Y sin embargo, en ocasiones, las lenguas son muros y puentes dinamitados. Hay quienes siendo capaces de hablar la lengua del otro, se mantienen obcecados en el uso de la suya propia, aun sabiendo que el otro no les comprende. Hay quienes, de este modo, no hacen gala simplemente de una enorme falta de respeto, sino de una ausencia de voluntad de entender: son personas que no quieren hablar con los demás, sino que gustan de escucharse a sí mismos.

Había olvidado la "castellanofobia" que se vive en los territorios en que se habla catalán o valenciano. Había olvidado pequeños ejemplos cotidianos de marginación, como cuando tenía que elegir mis asignaturas en la Universidad de Valencia y las que se impartían en castellano estaban casi siempre fuera de mi alcance y de las posibilidades de cualquiera de encajar en un horario que permitiera terminar la carrera en cinco años.

Hoy he recordado todo aquello, cuando una amiga alemana me ha enviado un e-mail en que decía: "Felicitats per haver aprovat el carnet de conduir". Sé que tiene un "spanish friend" en Munich y estoy segura de que ha sido él quien la ha ayudado con la traducción. Sé que su intención era tener la deferencia de felicitarme en mi propio idioma, igual que hice yo en su cumpleaños. Y sé lo que significa la frase. Pero su "spanish friend" ha estado a punto de arruinarle el detalle... Menos mal que sé catalán y conozco a mi amiga.

19.5.06

Un Mundo Sin Humos

Pactos medioambientales de alcance internacional y dudosa efectividad, dado su escaso seguimiento por los países más contaminantes. Un deseo explícito, aunque sólo de palabra y no con hechos, de impulsar el uso del transporte público en las grandes urbes, con proyectos como el Metro, que avanzan a un ritmo desesperante, entre otras cosas por paralizaciones constantes, como la propiciada en Sevilla por Los Verdes, en protesta por la tala "masiva" de cuatro palmitos en un jardín en que hay que excavar para continuar las obras. Y la puntilla, las leyes antitabaco, que sólo han conseguido que los fumadores tomen las calles, dejando su consiguiente reguero de huellas, esto es, colillas esparcidas por doquier, y que todos los restaurantes se apunten a la moda del "aquí se permite fumar".

Todos estos esfuerzos por un mundo sin humos, voluntandes ecologistas y solidarias que se unen... Pero todos, camino del fracaso más absoluto.

¿Por qué la responsabilidad de construir un mundo mejor, más limpio, más habitable y más sano debe recaer mayoritariamente sobre los usuarios en general y, en particular y más frecuentemente, sobre los que menos tienen, en lugar de recaer sobre los gobiernos? ¿Por qué tengo que perder cuatro horas al día (de 24, es más de un 16% de mi día, es decir, una sexta parte) en ir y venir del trabajo por mi voluntad responsable de utilizar el transporte público? ¿Y por qué otros siguen fumando resguardados tras los cristales ahumados de sus coches oficiales, grandes consumidores de los carburantes cada vez más caros que pagamos todos? ¿Por qué en este país, y más en esta tierra andaluza, con más de 3.000 horas de sol al año no se fomenta la instalación y uso de la energía solar? ¿Por qué a pesar de mi probada incapacidad y torpeza a los mandos de un vehículo me veo obligada a sacarme el carné de conducir y a tener un coche propio, con su correspondiente y desorbitado gasto? ¿Por qué si, como decía aquel anuncio, a mi no me gusta conducir? ¿Es ésta la manera de conseguir un mundo sin humos?

Está visto que el negocio siempre va por delante de la salud pública -si no, ya habría retirado definitivamente el tabaco del mercado, en lugar de asustarnos con mensajes en las cajetillas o subir los impuestos- y del futuro de nuestro planeta.

PD. Estoy probando esto de los links, que me hacía falta.

18.5.06

Decálogo del Músico Pop

Un conjunto de diez ideas, sin orden ni concierto, que no pretenden ser normativas, sino inspiradoras, para que el músico pop pueda desarrollarse y continuar su tradición popera:

1. No intentes ser original ni innovador. Recuerda que "pop" viene de popular y con cosas nuevas es imposible ganarse al público.

2. Tus temas han de ser siempre canciones. Olvida las composiciones instrumentales y paranoias varias. La canción es lo único que cualquiera puede tararear, incluso en la ducha, es la más "popular" de las formas musicales... y recuerda que "pop" viene de popular.

3. Para componer tus canciones, pon un especial cuidado en la creación de melodías, que serán como una bomba de relojería, perfectamente diseñadas y ensambladas para estallar en el momento preciso. Los temas musicales deben ser asequibles al oído de tu espectador-oyente y conformar una estructura perfecta e irrompible: la canción pop.

4. En tus canciones, habla de cosas cotidianas, de temas próximos a la rutina diaria y a los intereses de la gran mayoría de la gente, ese gran estrato social de cultura media. Utilizar la poesía y la metáfora es positivo para revestir a tus obras de cierta calidad, pero imponte un límite: no dejes que tus canciones terminen por ser algo abstracto, hermético o introspectivo. No caigas en la reflexión. Lo más "pop" es hablar de la gente común y corriente que te va a escuchar, es decir de la Common People (véase Pulp). Recuerda que "pop" viene de popular.

5. El arte popular habla a las emociones, y eso es lo que debes trabajar en tus canciones: eso es lo que debes transmitir. Los ritmos alegres y saltarines de fin de semana desconectando, los himnos generacionales con los que la gente pueda sentirse identificada y las melodías melancólicas propias del estado seudo-depresivo propio de la gente que nunca ha tenido una depresión de verdad son los extremos entre los que debes moverte.

6. Procura que las canciones sean pegadizas, pero no tanto como para que la gente se canse pronto de oírlas.

7. No caigas en la vulgaridad de crear canciones excesivamente simples y sin contenido. El reaggeton no entra en la categoría pop. Recuerda que "pop" viene de popular, pero en las generalizaciones que entraña el concepto de popular sólo es posible incluir a ese grupo de personas con una cultura media que, invariablemente, solicitan alimentarse de un arte con un mínimo nivel de calidad.

8. Procura cuidar la imagen tanto como tu sonido. No es sólo una autoafirmación del artista integral que llevas dentro y que te obliga a mimar los detalles del diseño de tus portadas, explorando nuevos campos de la creatividad. Recuerda que "pop" viene de popular, en todos los sentidos, y para ser popular hay que integrarse en, al menos, un canon de belleza. Las teorías estéticas contemporáneas dan para mucho, así que no te preocupes si no eres especialmente agraciado. En este aspecto, son claves la ropa, el pelo, las gafas de sol y, sobre todo, la pose.

9. No te preocupes por el estilo de tu música. Ya vendrán otros a ponerte etiquetas. Intenta hacer simplemente aquello que te gusta y te hace disfrutar porque eso se nota en el restultado final de la obra. Si la etiqueta recibida es nueva -normalmente basada en la unión de dos o tres conceptos o subestilos ya inventados hace años-, enhorabuena, ya eres más pop que nadie. Y si no, no importa. Ya sabes que la innovación es desdeñable. Se trata de reinventar un modelo que ya está inventado, que ya es pop-ular.

10. Imita y copia a tus clásicos, a los grandes músicos que escuchaste en tu última infancia y primera juventud, y hazlo sin pudor. No les estás plagiando. Les estás "homenajeando".

Dicho ésto, todos a escuchar a San Blur.

11.5.06

Barroquismos Aparte...

...Es un buen disco. He tardado meses en darme cuenta, porque estaba ahí liada con el cincel y el martillo, para sacarle esa gruesa capa de yeserías coloreadas; volutas de mil tamaños envueltas sobre sí mismas y revueltas con las demás; armazones de madera tallada, calada y dorada; piezas de plata y oro repujados, fundidos y entrelazados; y otras cursilerías del estilo.

Hay por ahí quien alaba el buen gusto de la orquestación exuberante, por su capacidad de superar el habitual concepto de cuarteto pop-rock contemporáneo. Hay quien distingue la belleza de las voces enlazadas en una chillona polifonía que no es tal. Y la mayoría de las críticas le llegan a ver la gracia al uso de organillos, acordeones y xilófonos... Qué gracia.

Pero a mi todo lo que sea adorno, o exorno que suena más impostado aún, me exaspera. Por eso, por pura pereza, me ha costado tantísimo trabajo descubrir el gran disco que yace bajo el barroquismo enervante de Arcade Fire. La primera escucha me legó una expresión de repulsión que me costó mucho borrar de la cara, regalándome unas cuantas arrugas de más. Sin embargo, los días de trabajo, cincel en mano, fueron descubriendo temas elegantes, melodías inteligentes y en absoluto artificiosas -al contrario que su "exorno"-, y letras que no tienen nada que envidiarle a la poesía. Lástima que le hayan echado tanta basura encima, pensaba. ¿Será que tengo un prejuicio estético basado en el minimalismo?

Hasta que un día sorprendí a Bowie tarareando uno de sus temas y acompañado de los miembros del grupo, a quienes veía por vez primera, que tocaban junto a él. Y ví hasta dónde llegaba la melodía, y hasta dónde el influjo hipnótico de la instrumentación efectista, sí, pero de origen intuitivo y no artificioso como yo pensaba. Y me di cuenta de que lo que coreaban todos era un auténtico himno. ¿Cómo puede ser tan absolutamente brillante, vitalista y conmovedor un disco que se llama "Funeral"? Quizá porque las palabras claves que explican su sentido son desarraigo, madurez y aceptación.

Eso sí, yo sigo sentada en el asiento de atrás.

9.5.06

Canciones Desgastadas

Hay canciones que a veces se gastan. Suelen ser las mejores, aquellas que provocan una indescifrable montaña de sensaciones, que exaltan los estados de ánimo: las canciones donde la belleza y el sonido son gemelos; las canciones que franquean sin llamar las puertas de la sensibilidad. Una sensibilidad que, queramos o no, está ligada a nuestra subjetividad, y por tanto, a un momento histórico y psicológico de nuestro ser.

Por eso, cuando el momento pasa, la canción se queda colgando de un abismo. No escuches más, que ya es bastante. No escuches más, que la vas a gastar. Al llegar al borde del abismo -sublime, como todos los abismos-, la canción ya está agotada y hacerla sonar más es verla morir lentamente, escuchando cada nota con una expectación cada vez menor, con una emoción cada vez menor, en un espectáculo tan hermoso como decadente. Hay que saber parar a tiempo.

Mi impaciencia y yo hemos gastado muchas canciones, incluso discos enteros. Me deshice de Creep con avidez y de Dog Man Star con la sospecha de que su decadencia era la razón de ser de un disco irrepetible, en todos los sentidos. Quedaron en el olvido de un momento vital y escuchar esas canciones desgastadas significa asistir con los ojos cargados de una frialdad, mejor o peor adquirida, a aquellos días, aquellos temores ahogados por una falseada abulia constante.

Pero a veces revivo con sorpresa emociones que creía perdidas en el pasado. A veces, disfruto desemplovando -literalmente- mis viejos clásicos desgastados, reconstruyendo aquella que fui y aferrándome a una clase de belleza que sólo aquella persona que ya no existe podía sentir.

Si pudiéramos hacer lo mismo con los sentimientos, no existiría el desengaño. Si con sólo pulsar un botón, pudiéramos escuchar de nuevo la misma canción, todos conservaríamos aún nuestra inocencia y nuestra fe.

8.5.06

Parecido Razonable III


Más de lo mismo, aunque Jeremy Sisto nunca llegará a ser tan carismático como Jim Morrison... Nunca llegará a tener una mirada tan turbadora.

Me di cuenta al ver "May, ¿quieres ser mi amigo?". Una fantástica película que, en contra de lo que aparenta, no es de terror. Y sin embargo, da escalofríos. Poética y recomendable a más no poder.

Parecido Razonable II


Y siguiendo con el hilo del post anterior, no dejo de preguntarme cómo es posible que la legión de seguidoras de Chris Noth (el insufrible Mr. Big de "Sexo en Nueva York") no se haya dado cuenta de que es una reencarnación del mítico Victor Mature. ¿Será que no tienen memoria cinematográfica?

Parecido razonable


Mirando esa imagen de Ida Lupino en "El último refugio", he descubierto que la actriz tiene hoy en día una versión, algo más siniestra, excéntrica y atolondrada, a partes iguales, en una popular cantante, de raídas cuerdas vocales...

12.4.06

Sin tirantes

¿La portada del nuevo disco de QOTSA?


¡No! El cartel de la versión fílmica de la obra de Joan Martorell, Tirant Lo Blanch. Con lo pesados que se me ponían en el colegio, hablando de la magna obra de las letras valencianas, habrá que ir a verla...

28.3.06

A través del Espejo


...O a través de la pantalla.


Al mundo de la pequeña Alicia de Lewis Carroll, lejos de la dulcificada versión de Disney, se llegaba por la senda del sueño, de la introspección o del autoanálisis. El camino hacia la fantasía y la imaginación no era un sendero de impolutos adoquines amarillos, con la promesa de un paisaje de reluciente esmeralda de fondo. Ese camino era pedregoso y sucio, lleno de obstáculos... El camino del creador y sus batallas internas.

Y una vez alcanzado ese estado que permitía mirar más allá de la razón, los frescos que pintaba el pensamiento eran ambiguos. No llenos de monstruos, como alertaba Goya, pues los monstruos del aragonés eran los miedos que genera siempre la ignorancia; sino llenos de trampas, de cuerpos lozanos que ocultaban un alma decadente; de figuras geométricas perfectas, que analizadas con detenimiento, resultaban imposibles; de muertos que consumían en éxtasis una vida sin fin; y vivos que desperdiciaban insolentes un instante de aburrimiento. Frescos de miedos y pasiones exaltadas.

En todos los momentos históricos en los que la estética dominante se ha definido como expresionista -desde el Helenismo, al Romanticismo, pasando por el Barroco o la Alta Edad Media-, el arte ha entrado siempre en terrenos que pertenecían a la imaginación; una imaginación desbocada que por su naturaleza debía ser íntima y privada, pero que haciéndose pública permitía al autor compartir, o protagonizar en su buscado endiosamiento, esos momentos de vivencia psicológica y emocional extrema, a través del dolor y el placer, a partes iguales. El recurso imaginativo de aquel que tiene la vida resuelta y no sabe qué hacer con tantos pensamientos abarrotándole la cabeza: el recurso del aburrido, del incauto o del que no encuentra su lugar en el mundo, en un mundo que parece que no va con él, cuando quizá es él quien no va con el mundo.

En estos periodos históricos, el arte no tiene bastante con "re-presentar", volver a presentar, la realidad; rehacerla, siguiendo los objetivos que marca la razón. En estos casos, el arte sirve para "re-vivir" la realidad: se convierte en una realidad paralela, en un modo seguro, cómodo y sin riesgo, de experimentar con mayor intensidad, incluso con violencia, lo que la vida de por sí ofrece, de un modo mucho más mesurado. El arte se convierte en una aséptica herramienta que sirve a los cobardes para vivir al máximo.

En mi opinión, culturalmente no hemos dado muchos más pasos desde las teorías hegelianas. Vivimos en una especie de post-romanticismo constante: un romanticismo descafeinado y desvaído, donde el exceso de creadores onanistas mata las posibilidades de creación verdaderamente interesantes.

Y socialmente, ese post-romanticismo de la experiencia vital, brutal pero segura, puede verse a diario en nuestras adicciones cotidianas. Nuestros entretenimientos -música, literatura, cine... o sencillamente, el fútbol en el caso de otros- sirven para vivir "a través de". ¿Cuándo nos lanzaremos al campo a jugar el partido? ¿Cuándo nos daremos cuenta de que hay vida, más allá de la pantalla?

9.3.06

La Revolución del Post-it

En esta sociedad contemporánea, donde el ordenador se ha convertido en un elemento tan cotidiano como la tostadora -y como la tostadora, lo ponemos en funcionamiento por pura inercia y con las legañas pegadas-, las formas de comunicación han variado notablmente, aunque no su contenido. Los mensajes, las actitudes, y lo que se pretende conseguir con ellos, siguen siendo los mismos.

Llevamos cerca de diez años usando los chats como plazas de pueblo en plenas fiestas, cuando son aprovechadas como improvisadas pistas de baile. Después vinieron los foros, donde ya no resultaba tan arriesgado lanzarse a la arena, ya que jugábamos con la ventaja de estar en nuestro terreno: al fin y al cabo, los foros han sido siempre lugares de encuentro sobre un tema común.

El messenger como evolución del chat hacía más efectiva la comunicación persona a persona, una vez hecha la criba entre la fauna que puebla el ciberespacio, tras una primera toma de contacto. Darle tu messenger a alguien llegó a significar lo mismo que darle tu teléfono al ligue de una noche.

Luego descubrimos que las ventajas de MSN iban mucho más allá. Aquello podía tener más usos: los salidos buscaban una víctima más o menos fácil para sus perversiones varias, eso sí; pero también estaban los desesperados, que buscaban psicólogos; los suicidas, que buscaban una mano presta a cogerles por el cuello de la camisa justo cuando iban a emprender el vuelo desde el balcón; los pseudoautistas, incapaces de comunicarse, que buscaban una vía de escape vital en su enclaustramiento voluntario; los románticos, que no creían tanto en la belleza física, como en la belleza de las palabras... Y por último, y casi como una especie rara, los que eran amigos de toda la vida, simplemente amigos, o los conocidos de trabajo o de estudios, que se intercambiaban las direcciones para recuperar esa amistad olvidada, profundizar una relación incipiente o, sencillamente, para no perder el contacto.

Al final, va a ser este modelo el que triunfe. Y así, los que no están salidos ni desesperados; los que no son suicidas, pseudoautistas o románticos; han ido incorporando el messenger a sus vidas como la forma más eficaz y directa de comunicarse, para decirse las cosas que antes se decían a la cara, ahora con la excusa insalvable de la distancia, cuando ésta supera los dos kilómetros.

Pero también el messenger ha evolucionado, y la capacidad de intercambiar archivos de audio, video o imagen; o la posibilidad de establecer videollamadas o instalar una cámara web; sólo está consiguiendo que se nos inflamen las pistoleras de estar tanto tiempo sentados ante la pantalla.

Capítulo aparte merecen los nuevos modelos de prensa escrita, que no son tan distintos a los tradicionales, más que en su soporte; o lo que se ha venido en llamar "periodismo ciudadano", aquel que llevan a cabo, con pasión y casi con fervor, millones de blogueros en todo el mundo, que andan deseosos de ser leídos -y en este capítulo me incluyo.

Pero lo que confirma, como síntoma preocupante, que nuestra sociedad está enferma de informática, son los pequeños detalles. Hoy he leído en el sobrenombre, que uno de mis contactos utiliza en el messenger, una frase al más puro estilo de las que se solían escribir en los post-it, para luego dejar pegadas a la puerta de la nevera, como mensaje en diferido para un amante poco madrugador: "Cariño, me he llevado las llaves del coche. Tienes los restos del pollo en la nevera, no tienes más que meterlo en el microondas. Esta noche nos vemos. Besos". Y es que si se confirma que el ordenador ha sustituido al tradicional post-it, ya podemos decir que su uso no es que esté normalizado, es que se ha convertido en una adicción malsana y peligrosa.

6.3.06

Amores de Mar

Hay amores que son como el océano, que van y vienen con las mareas; que dependen de las fases de la luna; que se enroscan, a veces, en resguardos de la costa; y otras, la deshacen con violencia, para regresar a la pureza hecha de una línea de agua, sobre una línea de tierra.

Hay amores engañosos, que se ocultan en balsas pacíficas y mueren con las últimas luces del verano. Pero como el mar, no por ocultarse dejan de existir. Y su intensidad y potencia -latentes, perdidas, olvidadas- se desatan de nuevo con el primer viento del Norte.

Hay amores infinitos, como el horizonte azul, que duran una vida y más.

Y hay amores que, como el mar inmenso, devuelven a los corazones la fe en aquello que la razón no puede creer. Hay amores que, como el mar inmenso, infunden un pánico inexplicable. Hay amores que, como el mar inmenso, están tan próximos al absoluto, que hacen daño.

Y todo esto no pretendía ser más que una introducción para hablar de la, en ocasiones banal, Brokeback Mountain. Se quedó sin Oscar a la Mejor Película, en mi opinión merecidamente. Buen trabajo de los actores. Paisajes inalcanzables, por su capacidad de desbordar la pasión. Paisajes conmovedores. Un ritmo adecuado. Una historia que, inteligentemente, no pone el énfasis en los prejuicios de la sociedad en que viven los amantes, sino en el prejuicio de los propios amantes que, asociado al vértigo, al pánico del mar inmenso, les bloquea hasta impedir para siempre lo que habría podido ser una existencia plena y feliz. Pero ellos, cobardes, decidieron quedarse con el vaivén del mar.

5.3.06

Campeones y Camaleones

Cuando tenía alrededor de 11 años, mi padre decidió que era el momento de aprender a escribir a máquina: debía estar preparada para el futuro - un halagüeño futuro, quizá de secretaria o administrativa, con sus deseadas 300 pulaciones al minuto. Así que, siguiendo sus pautas, cambié las teclas del piano de mi hermano, capaz de hacer sonar la música aunque yo no supiera solfear, por hacer pelear mis lánguidos y huesudos deditos contra esas agarrotadas piezas de la olivetti. Así, fui haciendo filas y filas de letras, sin llegar a sentirme nunca capaz de dominar por completo la configuración del teclado qwerty.

Pasó un tiempo, que mi memoria identifica con un par de meses, pero dada la sensación de aburrimiento que me provocaba tal práctica, podían no ser más de dos o tres semanas, y entonces alguien bajó del altillo la olvidada máquina de escribir electrónica. Teclas mucho más ligeras y un corrector propio, que nos evitaba la engorrosa tarea de aplicar aquel socorrido pegote de tipex, a golpe de pincel. Con mi habitual espíritu de lucha y superación y demás, dejé la máquina de escribir aparcada en un rincón al cabo de pocos días.

El ordenador llegó cuando tenía 12 años. Aquel fue un año de cambios: descubrir aquel sistema de ventanas sólo fue uno de ellos. También hubo que renunciar para siempre a mis amados vinilos -en realidad los discos de Mattbianco, Swing Out Sister y la BSO de Dirty Dancing eran propiedad de mi hermano- para adaptarse a aquella pequeña revolución, plateada por una de sus caras; hermosa por sí misma, como una mampara de baño, aunque no tenga hidromasaje. Compramos un amplificador nuevo, que instalamos en nuestro viejo equipo de música de los 70 -con estética setentera incluida- y un reproductor de Cds, que entonces se conocían por su nombre completo, Compact Disc, con las consabidas risotadas de los angloparlantes ante nuestra histórica incapacidad pronunciativa, típicamente hispánica.

Aquel año tuve que aprender muchas cosas. Con el PC me hice pronto: el buscaminas y el solitario de Windows estuvieron dominados casi de inmediato; el Paint llegó a convertirse en uno de mis pasatiempos favoritos, a pesar de la dificultad para crear y mezclar colores -muy al contrario de lo que sucedía ante el lienzo; y la videoconsola, absurdo premio en un concurso de dibujo, fue a parar, tras dos fallidos intentos de uso, al armario de los trastos. Algo similar le ocurrió a mis patines en línea. Los de siempre, con cuatro ruedas, dos a dos, nunca fueron del todo olvidados.

Aquel año fue el año de la Expo, un acontecimiento que llegó a convencerme de que mi ciudad valía la pena -ahora me doy cuenta de lo equivocada que estaba.

Aquel año cambiaron muchas cosas: aprendí a escribir a máquina, aprendí a usar el procesador de textos y dejé de patinar para siempre. Pero había empezado a escribir mucho antes, sin más ayuda que el papel y el lápiz, y no con la intención de ser secretaria.

Hoy, leyendo un artículo en EPS sobre luchas generacionales, me he dado cuenta de que el grupo humano menos definido es precisamente aquel en que me corresponde estar. Me he dado cuenta de que los que vivimos nuestra adolescencia en la primera mitad de los 90 fuimos los últimos antes de la Logse; los últimos en disfrutar de Espinete y sus amigos, antes de que llegaran nuevos canales de televisión con Mamachichos incluidas -ninguna infancia puede ser normal con esas imágenes por delante. Ninguna generación, de las que siguió a la nuestra, pudo disfrutar de una infancia donde, con una proporción tan abrumadora, contábamos con madres-amas de casa, siempre al pie del cañón.

Me he dado cuenta de que mi generación, a pesar de que ahora debería vivir su momento, es la que menos ruido hace: pasamos de puntillas entre carcas y niñatos, intentando encontrar nuestro sitio sin decidirnos a salir del confortable hogar de papá. Mi generación no es la generación del cambio; no es revolucionaria ni apasionada. Las ganas de suicidarnos se nos pasaron tras la muerte de Kurt Cobain. Y somos demasiado realistas -pragmáticos, escépticos, desilusionados- como para tener intención de cambiar el mundo.

Me he dado cuenta, en definitiva, de que mi generación no es más que la generación de la adaptación, tras revisar todas las cosas que cambiaron tan deprisa en tan pocos años y cómo casi sin querer me fui haciendo a todas ellas. Y pase lo que pase, siempre seremos como camaleones, capaces de encontrar una postura cómoda para nuestra magullada espalda, recostados sobre el maletero hirviente de un viejo Seat, en un tórrido verano a más de 40º y bajo un sol cargado de sal.

18.2.06

Paridad e Igualdad

Hace poco leí en un escrito -más vale no citar fuentes vergonzosas, muy alejadas de la capacidad creativa de sus autores- una alusión a "las mujeres y hombres de Sevilla". Como amante de las letras, y fiel seguidora de la secta creada en 1713 por la Real Academia Española -que aunque no lo lleve escrito en sus apellidos, lo es de nuestra lengua-, la expresión resultó de lo más chirriante para mís oídos. Es lo que tiene la literatura: esa capacidad de sugerir emociones, sentimientos, recuerdos, aromas, y hasta sonidos de lo más desagradable.

Podría decir que, a pesar de lo fea que me resultó la frase antedicha, por inhabitual, tiene sus ventajas al suponer un avance en la conquista de la paridad. Pero, ¿quién ha puesto de moda ese término ridículo -esperemos que no haya sido la RAE-, con la obvia intención de enmascarar esa otra conquista pendiente, la de la igualdad?

Si como amante de las letras, la expresión "mujeres y hombres" me resulta desagradable; como mujer, considero que no aporta nada, o al menos nada positivo, a ese campo de batalla, todavía cubierto de cadáveres, cuerpos desmembrados y miembros sangrantes, que en nuestro país es el asunto de la igualdad entre mujeres y hombres.

Ese tipo de intentos de equiparar lingüísticamente el género masculino al femenino, cuando es bien sabido que la prioridad del primero se debe, estrictamente, a su capacidad -sólo lingüística, ojo- para contener al género neutro, sólo sirve para espolear a las feministas radicales -esas que piensan que ir a la peluquería es sinónimo de vejación y humillación-, para calmar las conciencias de la clase política -los de la peor clase- y para propiciar la sublevación de los hombres. Esos hombres, que ya no sólo se quejan por un justo recorte de sus derechos, durante siglos exagerados frente a los de las mujeres, sino que lloriquean con razón ante la oscilación del descomunal péndulo que ahora se les viene encima y que tiende a presentarlos como seres a la altura de chimpancés sin gracia, en series de televisión como Los Serrano o Siete Vidas.

¡Con lo fácil que habría sido escribir, simplemente, "las personas de Sevilla"!

Firmado, una mujer.

9.2.06

Lo que son las cosas...










ESTO NO ES UNA CAMA, ES UN CONTENEDOR DE SUEÑOS.








ESTO NO ES UNA PLUMA, ES LA NOSTALGIA DE VOLAR.




ESTA NO SOY YO, ES UNA SONRISA RIDÍCULA QUE TRATA DE OCULTAR LA ANGUSTIA DE UN VACÍO ESPIRITUAL.

24.1.06

Caos

El Caos es el principio de toda Creatividad.