25.7.06

Escopofilia

Dícese de la pulsión sexual que subyace en el placer de la contemplación cinematográfica. Esto, aplicado al cine, claro está. Porque hay otros enfermos por ahí que hablan de perversiones varias. Y no es el caso.

Esta atracción es limpia, vouyeurista, pero limpia. Y lo es porque nos sucede a todos, lo que termina normalizándola, nos guste la idea o no. Es uno de los motivos más frecuentes para ir al cine, o para encender la tele. Las demás razones, son de cada uno, pero habitualmente consisten en el aburrimiento, la monotonía, el tedio o la necesidad de llenar un espacio vacío e íntimo, con la plenitud de una gran mentira.

La escopofilia, mal que les pese a los malpensados, no entiende de sexos. Y es que mujeres y hombres nos sentimos atraídos por mujeres y hombres de la gran pantalla: ellas quieren ser como ellas; ellos quieren ser como ellos; ellas se sienten satisfechas -fabulosas- de verse tan definida e idealizadamente reflejadas; ellos no son menos y se sonríen al descubrir alguno de sus defectos en el disfraz de persona humana que llevan los superhéroes.

Le pasaba a Hitchcock, buscándose sin encontrarse en Cary Grant. Me pasa a mí, anhelando la talla de sujetador de Scarlett Johansson. Pero no se trata sólo del deseo que provoca una persona que podría ser nuestro yo mejorado. Hay escenas y personajes en la historia del cine que son memorables y basta. Se quedan grabados en nuestra memoria y, aunque sepamos el por qué, no nos importa: nos deleitarán siempre. Hay rostros que son hermosos por sí mismos, o porque quien los ha dirigido, ha sabido crear una obra de arte con ellos. Y es que la escopofilia no es más que la explicación -o la aplicación cinematográfica- de un concepto de placer estético que se puede rastrear a lo largo de toda la historia del arte, en todas las artes y en todos los géneros. La capacidad de disfrutar contemplando la belleza recreada de algo que no es real.

Para mi se quedan las antiheroínas, aquellas que juraban no volver a pasar hambre bajo un cielo teñido de rojo; o las víctimas-verdugos en forma de fantasma del pasado recortadas sobre un espectral fondo verde; o las mujeres fatales que esconden un cuadro psicológico grave de dependencia emocional.

Para mi se quedan los antihéroes, capaces de llorar por amor mientras se muerden las uñas de una mano que sostiene una rosa; los psicópatas redimidos; los psicópatas que no se quieren redimir; los que esconden sus virtudes bajo un halo de misterio o de torpeza; y los siempre impecables, sea en el personaje que sea, con lo que tenemos que volver sin remedio al inefable Cary Grant.

Pero quizá los casos más llamativos de fascinación por las imágenes del cine se encuentran en aquellas que asociamos a otras imágenes de nuestra vida cotidiana. Ese "me recuerda a..."



Y eso es lo que me pasa con ese Vittorio Gassman de Riso Amaro (1948).

¿Cuáles son vuestros iconos?

21.7.06

Tabula Rasa

Había una vez un espíritu joven que caminaba por una playa de arena blanca y fina. Sus pasos se sucedían decididos por la orilla, ya hiciera viento o frío; subiera o bajara la marea. A veces, el sol acariciaba sus pies, dándole una tregua. Pero nunca paraba a descansar. Y continuaba la marcha, que según el día se hacía ligera o pesada, pero siempre adelante.

En ocasiones tropezaba, sobre todo aquellos primeros días en que los tobillos aún no se habían hecho fuertes, o sus rodillas chocaban tímida y torpemente. Pero era ágil y capaz de reaccionar a tiempo, antes de caer. Un salto, una zancada, un paso más largo, con un pie hundido en la arena, y bastaba para evitar la catástrofe.

Pero otras veces encontraba piedras en el camino. Las más grandes, las sabía esquivar. Las que realmente temía eran esos restos de gravilla; los cristales que, con los años y las olas, terminaban con los bordes limados; o los fragmentos de conchas que siempre había en la orilla. Pequeñas piedras, pequeñas heridas... que algún día podrían ocasionar una caída definitiva, un dolor que, acumulado, resultaba demasiado grande.

Y así ocurrió. Por primera vez, sus rodillas se clavaron en el suelo, al tiempo que las lágrimas se mezclaban con la espuma de las olas. Y, al levantarse, miró atrás. A su espalda quedó una huella fea y borrosa, en la que pensaba a menudo, al continuar su camino: una huella que se reproducía en sus sueños con más frecuencia que la propia caída; una huella absurda y necia; una huella vergonzante que su corazón, aspirando a la más pura perfección, no podía olvidar ni perdonar.

Pensando en aquella huella, sus pasos se hacían cortos e inciertos y el horizonte se difuminaba sin remedio. Pensando en aquella huella, llegó a olvidar que había tenido razones para caminar.

Así que un día, viéndose perdido, no pudo hacer más que regresar sobre sus pasos, siguiendo sus huellas, hasta que alcanzó aquel borrón en la arena, intacto, inalterado por el viento y por el mar. Se agachó de nuevo, para mirarlo de cerca, recordando su caída, vislumbrando su silueta. Y sonrió. Porque no podía sino extender la palma de su mano, deshacer los inexactos terrones de arena y borrar su huella. Quedó el perfil de la orilla idéntico a sí mismo y el espíritu, que descubrió marcado en él su camino, siguió adelante.

(La foto es de Seryo y se llama "Footsteps").

19.7.06

Generosidad

¿Cuánto hay que dar para aprender que lo importante no es recibir?

16.7.06

Pérdidas

Cosas que se han perdido con los años y las mudanzas:

La máquina de coser de mi madre. Una bolsa llena de miles de botones de diferentes formas, tamaños y colores. Una carpeta con patrones y una caja metálica, seguramente de esas antiguas cajas de galletas, con tiza de color rosa, blanco y azul, para marcar dibujos sobre la tela. Una de las palabras más sonoras del diccionario: acerico. Un mortero y un pasapuré.

Ella era costurera; yo no sé coser. Ella era cocinera; yo no sé cocinar. Ella era madre; yo no quiero ser madre.

Mi caballete y mi caja de óleos. Una carpeta llena de dibujos a lápiz, acuarela y carboncillo.

He olvidado quién soy.

Un piano, un órgano casio, una flauta. Discos de vinilo.

Ya no se oyen aquellos sonidos.

(La foto es de Wakalani y se llama "Remendando").

13.7.06

Un dúplex

Vale, compro el piso de arriba y nos hacemos un dúplex. Rompemos el techo, ¿y qué? ¿Los de arriba dónde pisan?

Una de estas ideas tan absurdas que no he tenido más remedio que escribirla para dejar constancia de que la he pensado. Para eso y para romper un poco el hielo tras la severidad del post anterior.

Úlcera de Corazón

Las piedras no tienen corazón.
Algunos hombres son de piedra.
Arqueología.

11.7.06

Guapos y Campeones II

Crónica de la Final del Mundial de Fútbol, redactada ayer 10 de Julio de 2006, para acompañar a las imágenes del post anterior, y no al revés.

El GG, Grupo de los Guapos, también conocido como Selección Italiana de Fútbol, que en su país de origen se llama "calcio", se ha llevado un premio. Un premio que no sólo merecía ya de antemano por hacerle frente al término anglosajón, inventando su propia palabra, o mejor dicho, adaptando con celebrada genialidad una antigua palabra -que en su idioma significa nada más y nada menos que "patada"- al nuevo concepto de tan noble deporte, cuando surgió allá por el siglo XIX más o menos.

Un premio que no consiste en crear un calendario de desnudos para el Cosmo, como quisiéramos algunas. No señor, se trata de una especie de trofeo dorado con forma de globo terráqueo, con el cual -en el momento de alzarlo su capitán, se entiende- se han proclamado sin vergüenza ni modestia como los mejores jugadores de fútbol -o calcio- del mundo. Es decir, los que mejores patadas pegan.

El GG no ha necesitado de metrosexualidades ni tintes para ser campeones, al menos en belleza. Tampoco han requerido un juego brillante para lo otro, lo de las patadas. Les ha bastado con no dejarse ganar por los bastardos franceses.

Tras asistir a la merecida y espectacular victoria de Federer en Wimbledon, ante un Nadal peleón, determinado y digno, pero poco afortunado, decidí que mi cupo de deportes en el día de ayer estaba ya cubierto. Así que cuando ese estudiante de Derecho de 64 años con el que comparto piso, que responde al nombre de "papá", se acomodó delante del televisor con la intención de ver la final del mundial, huí a mis aposentos.

Sin embargo, el griterío del segundo gol despertó mi curiosidad y me asomé a ver quién había sido el afortunado. Fue entonces cuando el GG, a quienes no había visto en todo el campeonato, apareció en pantalla haciendo gala de una sonrisa seductora, que deslumbraba aún más ante la posibilidad de la victoria. Si hubiera sabido que había chicos tan guapos jugando al fútbol -o calcio- me habría aficionado a este deporte mucho antes.

Por lo que vi después, y teniendo en cuenta mis escasos conocimientos en la materia, llegué a la conclusión de que el GG no merecía la victoria, muy a pesar de mis deseos, desatados por la pasión -esa lascivia declarada que me provocaban los jugadores- sumada al anhelo patriótico de ver caer a nuestros verdugos, no sólo por ser verdugos, sino por ser franceses, conceptos ya de por sí indisolubles. Tanto como la guillotina y la revolución.

"Pero esa es la grandeza del fútbol -o calcio-..." que dirían los comentaristas deportivos de A3. Italia jugó a defender y lo hizo bien, plantando un muro infranqueable ante su portería, que por cierto no se llamaba Buffon, sino Cannavaro, capaz de repeler todos los ataques de los franceses, más lucidos en sus ofensivas.

Francia hizo lo que sabe: jugar al fútbol, sacar pecho cantando la Marsellesa, mostrar orgullo patrio y hacer gala del mítico mal gusto galo, y no sólo por el corte de pelo de Ribery, al que es fácil imaginar cortando cabezas de herejes en las cruzadas, o la cara de paleto de Sagnol, que desde que descubrió lo que era un balón decidió dejar la tradición familiar de hacer queso curado de un golpe con las dos manos. Se trata de una mezcla de mala leche, con mal olor corporal -fácilmente identificable en el Metro de París-, que yo definiría como "leche agria".

Pero el campeón en "leche agria" fue sin duda Zidane, que perdió los estribos, hizo perder a su selección el partido y el campeonato, y sobre todo, perdió para sí mismo la oportunidad de retirarse como un caballero.

Con más belleza de cara y de espíritu -mientras no se demuestre lo contrario, los insultos de los italianos no llegaban hasta los micros- el GG, Italia, es por cuarta vez campeona del mundo de fútbol -o calcio.

Guapos y efectivos en su trabajo. ¿Qué más se les puede pedir a los italianos? Que sean cariñosos, generosos, brillantes, inteligentes, geniales, tiernos, educados... Y que echen de vez en cuando una mano en casa a sus señoras, si es que las tienen. Pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión, que diría Ende.

10.7.06

Guapos y Campeones I

Gianluca...

Filippo...

Vincenzo...

Francesco...

Luca...

Andrea...

Fabio...

6.7.06

Qué tiempos aquellos...

¿Os acordáis cuando los tomates sabían a tomate, y no a agua, y daba gusto comérselos así, sin pelar y "a bocaos"?

¿Os acordáis cuando al yogur natural azucarado, que era de Danone porque no había otra marca, había que echarle al menos dos cucharadas de azúcar para poder degustarlos sin arrugar los ojillos para soportar la acidez?

¿Os acordáis cuando con un único sueldo a lo largo de una vida, y aún menos, bastaba para vivir holgadamente, comprar una casa, un coche, y para dar de comer a una familia entera, compuesta por una pareja con más de un hijo?

¿Ha cambiado algo? ¿Vamos a mejor?

4.7.06

Muecas del Mundo

Hay tanta poesía por ahí... ¡Y yo sin encontrarla! Será que el mundo se empeña en mostrarme su peor cara: no la más dura y cruel, que me removería las entrañas en busca de la poesía de la acción directa; sino la cara más rancia y perversa, la de la desidia, el tedio, el hastío y el abandono. La cara de un mundo donde no hay razones ni respuestas para la propia existencia ni la ajena. La cara que hace muecas como queriendo decir "déjalo, pierdes el tiempo, no merece la pena".

O quizá soy yo, que no soy capaz de arrancarme las legañas de los ojos después de tanto llorar; y ya no los puedo abrir. Y ya no puedo ver más que una mínima parte, esa cara rancia, de lo que el mundo puede ofrecerme.

Me estoy rindiendo.

27.6.06

Oda a los gatos


Me llevo bien con mi gato porque cuando le llamo, no viene. Si su nombre suena en mi boca con tono cariñoso y exultante, entonces quizá levante la cabeza y me mire expectante. Quizá maúlle a su vez, contestándome sereno, con rumor tintineante, como el balido de Copito de Nieve llamando a Heidi. Pero nunca viene cuando le necesito, sólo viene cuando le apetece.

Cuando le hago ver que puede encontrar en mi regazo un hueco confortable, con un par de sonoras palmadas en el muslo, entonces sí, aparece trotando y mullido. Deja caer sus ocho quilos de cojín blandito, caliente y vivo sobre mí, y se acomoda durante un buen rato. Busca el mejor hueco, se hace un ovillo, cambia mil veces de postura, me pisa el estómago y siempre, sobre todo cuando llega el verano y la ropa se hace más ligera, busca con su patita mi pecho, como preguntándose si esta vez le daré de comer. Cuando ve que no estoy dotada para alimentarle, se queja, maúlla con la boca abierta de par en par, con un lamento que suena como un lastimero "¡pero mamá!". Y como no hay de comer, olfatea cuanto puede, lame, chupa y se relame al olor de mi colonia. Y si no llevo colonia, será por la crema hidratante. Y si no, el desodorante. Y si no, el gel de ducha. El caso es que a mi gato siempre le huelo bien y por eso me lame. No se trata de una demostración de cariño, como los babosos lengüetazos de un perro cualquiera.

Me llevo bien con mi gato porque no me hace caso, ni me necesita; porque a veces desaparece y paso un día entero sin saber de él. Porque resulta divertido buscarle y encontrarle siempre en el lugar más confortable y cálido de la casa, que suele ir variando según la estación del año en que nos encontremos. Y así, mi gato resulta ser siempre el mejor indicador de comodidad.

Me llevo bien con mi gato porque casi nunca se queja, sólo cuando tiene hambre y sólo porque no tiene manos para abrir el paquete de comida, que si no, él mismo se la echaría. Ya lo intenta con los dientes, pero claro, no es fácil.

No pide cariño, sólo una caricia de vez en cuando. Y aunque nadie esté por la labor de dársela, a él de la igual y se la toma, acariciándose con la barbilla contra las piernas de su favorito en ese momento.

Me llevo bien con mi gato porque me deja hacer mi vida. Ni da ni pide nada, sólo está para compartir ese rincón calentito del sofá. Y si no le interesa mi compañía, se va.

Me llevo bien con mi gato porque no es servil ni traicionero: es compañero, es un igual.

Y a veces, echo de menos sus acertados gestos: esa altivez en respuesta a mi soberbia; esa distante piedad, cuando me encuentro mal; esa capacidad para dejarme sola cuando quiero estarlo y acompañarme cuando necesito un amigo; esa sabiduría infinita para aplacar un grito injusto y para ganarse una caricia. Echo de menos esa conciencia de igualdad en muchas de las personas que me rodean y que siempre son más o menos que yo: siempre exigen sin agradecer, adulan sin razón o, sencillamente, ignoran cómo pararme los pies.

A veces, tengo que ser gata. A veces, sólo mi gato puede comprenderme. Y quien quiera un perro que se lo compre; con los gatos no se puede.

23.6.06

Autología Número N

Me dispongo a escribir la autología de las autologías, el artículo autorreferencial por excelencia: hoy no sólo voy a hablar de mí, sino de cosas que hago, como este blog. Mi yo interno y mi yo externo, mi ser y mi estar: mi propia autología nunca consensuada.

Hoy voy a hablar de las palabrejas que aparecen al lado de este post, en la columna de la derecha, por si alguien tenía una mínima curiosidad al respecto: se trata de categorías creadas gracias a un portal delicioso, cuyo descubrimiento debo agradecer a Matías. Por muy delicioso que sea, dicho portal no sabe hablar más que inglés, y seguramente resultará muy útil para los creadores de blogs anglófonos, que al parecer, son parcos en palabras. Yo quería crear categorías, es cierto, pero será verborrea o alguna otra enfermedad. El caso es que no me bastaba con poner aquí, ordenadamente, palabras sueltas que pudieran sugerir a mis posibles lectores el tema de que tratan las diferentes entradas, seguramente porque mis entradas no tienden a ser homogéneas ni mucho menos. Me hacía falta unir varios conceptos, o crear conceptos nuevos e inestables por naturaleza, como el material radioactivo. Dado que en delicious no era posible (o yo no fui capaz) poner más de dos palabras en cada tag (o categoría), sin que fueran inmediatamente separadas, como los hermanos gemelos al nacer en un telefilme cualquiera, decidí inventarme las palabras, con un nombre más o menos rimbombante, que resultara, si no sorprendente, al menos divertido para mis (escasos) lectores.

Autología, para quien todavía no lo haya adivinado, se vinculará con artículos autorreferenciales o biográficos. Estetoscopiética es un intento de reunir en un único "palabro" la ética y la estética, aunque se me coló el estetoscopio del doctor House por medio, será porque él nunca lo usa. Musicalería no habla de música, ni de crítica musical seria, sino de lo que me hace sentir la música. Poeticología es una antología poética bloguera. Quejiquerías aúna las críticas con espíritu quejica que gusto de hacer en estas páginas. Reflexiojos es un compendio de reflexiones reflejadas. Y revoltillo, una receta gastronómica que por fuerza lleva huevo.

Espero que os gusten y que os sean útiles.

De momento, siguiendo las recomendaciones (o friki-ideas) de un bloguero-comentador muy eficiente, aquí os doy una pista de lo que soy en realidad. Autología Número n:

Artificial Lifelike Machine

16.6.06

España en "Er Mundiá"

Los mundiales de fútbol, como casi cualquier otra competición deportiva internacional -salvo las de balonmano, que desde que se fue Iñaki, ya no las ve nadie-, suelen ser una buena excusa para hacer gala del patriotismo eufórico y triunfalista más visceral.

Por mi parte, me voy a ahorrar el disgusto de caer en semejante tentación, inclinándome por la prudencia más escéptica en lo que se refiere a las posibilidades de victoria del mal llamado "combinado español" -huevo frito con patatas y filete de ternera. Estas son las razones que apoyan mi tesis:

  1. La tradición: un equipo que cae eliminado tradicionalmente en los momentos decisivos no parece tener muchas posibilidades de ganar.
  2. La calidad humana: un equipo que cae eliminado tradicionalmente en los momentos decisivos no puede escudarse siempre en la mala suerte. Hay que reconocer que los nervios traicionan y que el adversario es mejor, más fuerte, aunque sólo sea a nivel psicológico. Un futbolista de élite no puede permitirse el lujo de fallar un penalti por más que haya 100 millones de personas pendientes del resultado que depende del tiro o 5.000 cámaras apuntándole.
  3. Las maneras: ningún equipo dirigido por un tiparraco malaje, borde, antipático y maleducado como Luis Aragonés merece ganar nada. La justicia final del deporte es implacable.
  4. La representatividad: un futbolista que se queja por tener que levantarse a las ocho de la mañana -con el día muy avanzado, para muchos de los que seguimos los partidos desde casa- no tiene derecho a representar a todos los españoles.
  5. La estética: mi lema en este sentido es "desconfía de los hombres que se hacen mechas". ¿Qué podemos esperar de un deportista más preocupado por su imagen que por sus resultados? ¿Vamos a creer en esta panda de patanes presumidos? Si al menos tuvieran buen gusto, podríamos darles una oportunidad, pero ejemplos como los de Albelda o Cañizares apuntan en sentido contrario.
  6. La canción del mundial: ni "opá" ni "a por ellos" se merecen mis respetos. A escupirles, a otros. Sin comentarios.

Declaración final: si, a pesar de todas las razones en contra, España gana el mundial, me alegraré, pero en ningún caso me retractaré de todo lo dicho. Ea.

13.6.06

Pensar y Hacer

Esta debiera ser la segunda entrada dentro de la categoría "Reflexiones", y así sería si supiera como organizar este blog en categorías, pero no es el caso. La primera se llamaba "Sueños" y anda perdida por la marea, con marejada a fuerte marejada, de las aguas atlánticas -frías, violentas, enormes- de este blog.

Alguien me dijo una vez que "el cerebro no aprende pensando, sino haciendo".

A lo que me gustaría añadir: el mejor síntoma de madurez no consiste en ser capaces de plantear en abstracto las soluciones más adecuadas, convenientes, precisas y prácticas a los problemas más complejos; el mejor síntoma de madurez consiste en tener la valentía de arriesgarse a poner en práctica dichas soluciones. Resumiendo, aprendemos de las decisiones que tomamos, erróneas o acertadas. Arriesgarse es aprender a vivir. El momento presente no es un ensayo de un futuro ideal e inexistente, es definitivo: hay que arriesgarse. O aceptar la muerte en vida que suponen el tedio y la falta de iniciativa, el esperar a que las cosas cambien o, peor aún, el desearse suerte.

7.6.06

Lenguas que unen y separan

Hacer uso de una lengua es ejercer una voluntad de entender. Para eso sirven las lenguas, tanto en su vertiente oral como en la escrita: para entenderse uno mismo -todos hablamos solos, todos formamos frases en nuestra mente antes de pronunciarlas para estar seguros de transmitir el significado apropiado- y para entender a los demás.

Ninguna lengua es perfecta, porque todo es mejorable, pero en el uso práctico se acercan mucho a la perfección. Son sencillas, por su carácter directo y porque todos, desde edades tempranas, hemos sido capaces de usarlas; pero al mismo tiempo son complejas por abarcar toda una serie de signos y símbolos que van mucho más allá de la mera expresión fonética, y que son capaces de transmitir, con bastante precisión, casi cualquier idea, pensamiento, emoción o sentimiento. Y además, las lenguas son entes vivos, que se renuevan y se adaptan constantemente y casi sin esfuerzo, sólo con el uso, a las necesidades de los hablantes.

Las lenguas unen, crean puentes de comunicación, que a su vez refuerzan los lazos vitales: los lazos que establecemos con quienes convivimos, con las personas que llegamos a conocer. Bien usadas, las lenguas son generosas, porque facilitan la comprensión del otro. Con las lenguas, salimos de nuestro autismo emocional para acercarnos a lo ajeno. Las lenguas nos permiten aspirar a lo universal.

Y sin embargo, en ocasiones, las lenguas son muros y puentes dinamitados. Hay quienes siendo capaces de hablar la lengua del otro, se mantienen obcecados en el uso de la suya propia, aun sabiendo que el otro no les comprende. Hay quienes, de este modo, no hacen gala simplemente de una enorme falta de respeto, sino de una ausencia de voluntad de entender: son personas que no quieren hablar con los demás, sino que gustan de escucharse a sí mismos.

Había olvidado la "castellanofobia" que se vive en los territorios en que se habla catalán o valenciano. Había olvidado pequeños ejemplos cotidianos de marginación, como cuando tenía que elegir mis asignaturas en la Universidad de Valencia y las que se impartían en castellano estaban casi siempre fuera de mi alcance y de las posibilidades de cualquiera de encajar en un horario que permitiera terminar la carrera en cinco años.

Hoy he recordado todo aquello, cuando una amiga alemana me ha enviado un e-mail en que decía: "Felicitats per haver aprovat el carnet de conduir". Sé que tiene un "spanish friend" en Munich y estoy segura de que ha sido él quien la ha ayudado con la traducción. Sé que su intención era tener la deferencia de felicitarme en mi propio idioma, igual que hice yo en su cumpleaños. Y sé lo que significa la frase. Pero su "spanish friend" ha estado a punto de arruinarle el detalle... Menos mal que sé catalán y conozco a mi amiga.

19.5.06

Un Mundo Sin Humos

Pactos medioambientales de alcance internacional y dudosa efectividad, dado su escaso seguimiento por los países más contaminantes. Un deseo explícito, aunque sólo de palabra y no con hechos, de impulsar el uso del transporte público en las grandes urbes, con proyectos como el Metro, que avanzan a un ritmo desesperante, entre otras cosas por paralizaciones constantes, como la propiciada en Sevilla por Los Verdes, en protesta por la tala "masiva" de cuatro palmitos en un jardín en que hay que excavar para continuar las obras. Y la puntilla, las leyes antitabaco, que sólo han conseguido que los fumadores tomen las calles, dejando su consiguiente reguero de huellas, esto es, colillas esparcidas por doquier, y que todos los restaurantes se apunten a la moda del "aquí se permite fumar".

Todos estos esfuerzos por un mundo sin humos, voluntandes ecologistas y solidarias que se unen... Pero todos, camino del fracaso más absoluto.

¿Por qué la responsabilidad de construir un mundo mejor, más limpio, más habitable y más sano debe recaer mayoritariamente sobre los usuarios en general y, en particular y más frecuentemente, sobre los que menos tienen, en lugar de recaer sobre los gobiernos? ¿Por qué tengo que perder cuatro horas al día (de 24, es más de un 16% de mi día, es decir, una sexta parte) en ir y venir del trabajo por mi voluntad responsable de utilizar el transporte público? ¿Y por qué otros siguen fumando resguardados tras los cristales ahumados de sus coches oficiales, grandes consumidores de los carburantes cada vez más caros que pagamos todos? ¿Por qué en este país, y más en esta tierra andaluza, con más de 3.000 horas de sol al año no se fomenta la instalación y uso de la energía solar? ¿Por qué a pesar de mi probada incapacidad y torpeza a los mandos de un vehículo me veo obligada a sacarme el carné de conducir y a tener un coche propio, con su correspondiente y desorbitado gasto? ¿Por qué si, como decía aquel anuncio, a mi no me gusta conducir? ¿Es ésta la manera de conseguir un mundo sin humos?

Está visto que el negocio siempre va por delante de la salud pública -si no, ya habría retirado definitivamente el tabaco del mercado, en lugar de asustarnos con mensajes en las cajetillas o subir los impuestos- y del futuro de nuestro planeta.

PD. Estoy probando esto de los links, que me hacía falta.

18.5.06

Decálogo del Músico Pop

Un conjunto de diez ideas, sin orden ni concierto, que no pretenden ser normativas, sino inspiradoras, para que el músico pop pueda desarrollarse y continuar su tradición popera:

1. No intentes ser original ni innovador. Recuerda que "pop" viene de popular y con cosas nuevas es imposible ganarse al público.

2. Tus temas han de ser siempre canciones. Olvida las composiciones instrumentales y paranoias varias. La canción es lo único que cualquiera puede tararear, incluso en la ducha, es la más "popular" de las formas musicales... y recuerda que "pop" viene de popular.

3. Para componer tus canciones, pon un especial cuidado en la creación de melodías, que serán como una bomba de relojería, perfectamente diseñadas y ensambladas para estallar en el momento preciso. Los temas musicales deben ser asequibles al oído de tu espectador-oyente y conformar una estructura perfecta e irrompible: la canción pop.

4. En tus canciones, habla de cosas cotidianas, de temas próximos a la rutina diaria y a los intereses de la gran mayoría de la gente, ese gran estrato social de cultura media. Utilizar la poesía y la metáfora es positivo para revestir a tus obras de cierta calidad, pero imponte un límite: no dejes que tus canciones terminen por ser algo abstracto, hermético o introspectivo. No caigas en la reflexión. Lo más "pop" es hablar de la gente común y corriente que te va a escuchar, es decir de la Common People (véase Pulp). Recuerda que "pop" viene de popular.

5. El arte popular habla a las emociones, y eso es lo que debes trabajar en tus canciones: eso es lo que debes transmitir. Los ritmos alegres y saltarines de fin de semana desconectando, los himnos generacionales con los que la gente pueda sentirse identificada y las melodías melancólicas propias del estado seudo-depresivo propio de la gente que nunca ha tenido una depresión de verdad son los extremos entre los que debes moverte.

6. Procura que las canciones sean pegadizas, pero no tanto como para que la gente se canse pronto de oírlas.

7. No caigas en la vulgaridad de crear canciones excesivamente simples y sin contenido. El reaggeton no entra en la categoría pop. Recuerda que "pop" viene de popular, pero en las generalizaciones que entraña el concepto de popular sólo es posible incluir a ese grupo de personas con una cultura media que, invariablemente, solicitan alimentarse de un arte con un mínimo nivel de calidad.

8. Procura cuidar la imagen tanto como tu sonido. No es sólo una autoafirmación del artista integral que llevas dentro y que te obliga a mimar los detalles del diseño de tus portadas, explorando nuevos campos de la creatividad. Recuerda que "pop" viene de popular, en todos los sentidos, y para ser popular hay que integrarse en, al menos, un canon de belleza. Las teorías estéticas contemporáneas dan para mucho, así que no te preocupes si no eres especialmente agraciado. En este aspecto, son claves la ropa, el pelo, las gafas de sol y, sobre todo, la pose.

9. No te preocupes por el estilo de tu música. Ya vendrán otros a ponerte etiquetas. Intenta hacer simplemente aquello que te gusta y te hace disfrutar porque eso se nota en el restultado final de la obra. Si la etiqueta recibida es nueva -normalmente basada en la unión de dos o tres conceptos o subestilos ya inventados hace años-, enhorabuena, ya eres más pop que nadie. Y si no, no importa. Ya sabes que la innovación es desdeñable. Se trata de reinventar un modelo que ya está inventado, que ya es pop-ular.

10. Imita y copia a tus clásicos, a los grandes músicos que escuchaste en tu última infancia y primera juventud, y hazlo sin pudor. No les estás plagiando. Les estás "homenajeando".

Dicho ésto, todos a escuchar a San Blur.

11.5.06

Barroquismos Aparte...

...Es un buen disco. He tardado meses en darme cuenta, porque estaba ahí liada con el cincel y el martillo, para sacarle esa gruesa capa de yeserías coloreadas; volutas de mil tamaños envueltas sobre sí mismas y revueltas con las demás; armazones de madera tallada, calada y dorada; piezas de plata y oro repujados, fundidos y entrelazados; y otras cursilerías del estilo.

Hay por ahí quien alaba el buen gusto de la orquestación exuberante, por su capacidad de superar el habitual concepto de cuarteto pop-rock contemporáneo. Hay quien distingue la belleza de las voces enlazadas en una chillona polifonía que no es tal. Y la mayoría de las críticas le llegan a ver la gracia al uso de organillos, acordeones y xilófonos... Qué gracia.

Pero a mi todo lo que sea adorno, o exorno que suena más impostado aún, me exaspera. Por eso, por pura pereza, me ha costado tantísimo trabajo descubrir el gran disco que yace bajo el barroquismo enervante de Arcade Fire. La primera escucha me legó una expresión de repulsión que me costó mucho borrar de la cara, regalándome unas cuantas arrugas de más. Sin embargo, los días de trabajo, cincel en mano, fueron descubriendo temas elegantes, melodías inteligentes y en absoluto artificiosas -al contrario que su "exorno"-, y letras que no tienen nada que envidiarle a la poesía. Lástima que le hayan echado tanta basura encima, pensaba. ¿Será que tengo un prejuicio estético basado en el minimalismo?

Hasta que un día sorprendí a Bowie tarareando uno de sus temas y acompañado de los miembros del grupo, a quienes veía por vez primera, que tocaban junto a él. Y ví hasta dónde llegaba la melodía, y hasta dónde el influjo hipnótico de la instrumentación efectista, sí, pero de origen intuitivo y no artificioso como yo pensaba. Y me di cuenta de que lo que coreaban todos era un auténtico himno. ¿Cómo puede ser tan absolutamente brillante, vitalista y conmovedor un disco que se llama "Funeral"? Quizá porque las palabras claves que explican su sentido son desarraigo, madurez y aceptación.

Eso sí, yo sigo sentada en el asiento de atrás.

9.5.06

Canciones Desgastadas

Hay canciones que a veces se gastan. Suelen ser las mejores, aquellas que provocan una indescifrable montaña de sensaciones, que exaltan los estados de ánimo: las canciones donde la belleza y el sonido son gemelos; las canciones que franquean sin llamar las puertas de la sensibilidad. Una sensibilidad que, queramos o no, está ligada a nuestra subjetividad, y por tanto, a un momento histórico y psicológico de nuestro ser.

Por eso, cuando el momento pasa, la canción se queda colgando de un abismo. No escuches más, que ya es bastante. No escuches más, que la vas a gastar. Al llegar al borde del abismo -sublime, como todos los abismos-, la canción ya está agotada y hacerla sonar más es verla morir lentamente, escuchando cada nota con una expectación cada vez menor, con una emoción cada vez menor, en un espectáculo tan hermoso como decadente. Hay que saber parar a tiempo.

Mi impaciencia y yo hemos gastado muchas canciones, incluso discos enteros. Me deshice de Creep con avidez y de Dog Man Star con la sospecha de que su decadencia era la razón de ser de un disco irrepetible, en todos los sentidos. Quedaron en el olvido de un momento vital y escuchar esas canciones desgastadas significa asistir con los ojos cargados de una frialdad, mejor o peor adquirida, a aquellos días, aquellos temores ahogados por una falseada abulia constante.

Pero a veces revivo con sorpresa emociones que creía perdidas en el pasado. A veces, disfruto desemplovando -literalmente- mis viejos clásicos desgastados, reconstruyendo aquella que fui y aferrándome a una clase de belleza que sólo aquella persona que ya no existe podía sentir.

Si pudiéramos hacer lo mismo con los sentimientos, no existiría el desengaño. Si con sólo pulsar un botón, pudiéramos escuchar de nuevo la misma canción, todos conservaríamos aún nuestra inocencia y nuestra fe.

8.5.06

Parecido Razonable III


Más de lo mismo, aunque Jeremy Sisto nunca llegará a ser tan carismático como Jim Morrison... Nunca llegará a tener una mirada tan turbadora.

Me di cuenta al ver "May, ¿quieres ser mi amigo?". Una fantástica película que, en contra de lo que aparenta, no es de terror. Y sin embargo, da escalofríos. Poética y recomendable a más no poder.