4.11.06

La muerte de los dioses

En nuestra cultura occidental, hemos asistido a una dolorosa y traumática muerte del arte, que muchos no han aceptado todavía. Seguimos mirando las huellas que ha dejado su paso por nuestra casa, sus obras aún calientes, como panes recién sacados del horno, con admiración y hambre de belleza; preguntándonos cómo fue posible su decadencia, su vejez prematura y su definitiva desaparición.

Pero en realidad fue una muerte rápida, porque cuando llamamos arte a cualquier tipo de expresión humana con intención comunicativa y estética a partes iguales, erramos de objeto. A nuestros ojos, todas aquellas obras que fueron creadas en la antigüedad y en los siglos que vinieron después pueden parecer arte, pero nunca nacieron con la determinación de serlo. Sólo a partir del siglo XVIII el arte tomó conciencia de sí: fue. Y al mismo tiempo firmaba su sentencia de muerte. Quizá se le hincharon las narices, quizá el aire de divinidad de los artistas, las alas desplegadas, hería los sentimientos de las obras, al borde del suicidio. Quién sabe...

Cuando Kant definió lo bello y lo siniestro, e hizo converger estos conceptos estéticos en lo sublime, quizá no lo sabía pero estaba anunciando la agonía del arte. Lo sublime es la chispa que hizo al arte reventar de tanta belleza; una belleza que no se puede soportar.

El arte murió de una enfermedad incurable, pero hemos asistido al fallecimiento de otros conceptos de igual valor por voluntad de los hombres. Y si no, no hay más que ver cómo Nietzsche mató a Dios con sus propias manos. Y sin temblarle el pulso.

Quizá estas ideas fueron el preludio de la muerte definitiva de todos los valores, el nacimiento de la nada como destino vital y la negación de la moral. Hemos regresado, o quizá nunca nos fuimos, al relativismo moral de los sofistas. Nos hemos desecho de una verdad única, inmutable y absoluta. Y mientras tanto, para soportarlo, hemos ido levantando nuestros pequeños dioses.

Esos dioses son las afirmaciones infantiles de nuestro ser: un ansia de perfección que nos encumbrará a la fama, al triunfo, a la nada. Nos han dicho que en cada uno de nosotros puede haber un dios y nos empeñamos en sacarlo a la luz, intentando situarlo por encima de los otros pequeños dioses. La competitividad por sí misma, sin otorgar valor a aquello por lo que se compite; y el ansia de superación de la que fácilmente se puede hacer ostentación, y que por tanto se basa en aspectos materiales y superficiales, mueven el mundo.

Mi pequeño dios me impulsa a pretensiones vanas: ser la mejor, la más brillante, en mi trabajo; la más guapa; la más inteligente... Bien podía animarme a ser mejor persona, mejor amante, más que amada. Pero nuestros pequeños dioses, como aquellos de la mitología, nos conducen por el camino más humano y menos divino. Y de momento, son bien aceptados entre nosotros.

¿Para cuándo un movimiento filosófico que se deshaga de ellos? ¿Cuándo empezará el hombre a caminar sin tener que cogerse de la mano de un ser supremo, por mundano que sea?

1.11.06

¡Está viva!

La anciana dama, regocijada en la contemplación diaria de su imagen ajada, cargada de joyas sin brillo, en el espejo, parece despertar de su letargo. A veces, deja de suspirar, para abrir los ojos y las ventanas, y respirar con fuerza, hacer suyo el aire fresco que entra en sus pulmones. Aire y luz que hacen visible esa belleza antigua que la consagra y también, el polvo que cubre sin piedad sus ropas y los muebles abandonados de su casa.

A veces, Sevilla despierta, reniega de esa eterna voz que no hace más que quejarse de esa falta de reconocimiento, de ese olvido en que ha caído, frente a otras ciudades más activas, quizá más vivas, pero con menos sueños de perdurabilidad de un imposible.

A veces, Sevilla resucita en el presente y recobra algo de esa voluntad, casi perdida, por seguir adelante con una existencia en la que apenas tiene fe.

Y como soy la primera en criticarla, en quejarme de sus obras sin fin y de su inmovilismo feriante y semanasantero; también debo estar rápida para reconocer que no todo es tan malo. Y que, en ocasiones, cuando abre los ojos somnolientos, casi se puede decir que... ¡Está viva!

De vez en cuando pasan cosas en esta ciudad, cosas que no aparecen reflejadas en ese espejo de Blancanieves en que se mira. El Eventoblog no sólo es una noticia extraordinaria, por inusitada e infrecuente, sino que está cargada de energía positiva por su carácter, o al menos su intención, completamente vanguardista. Porque, como ya dije por ahí, Sevilla se quiere poner al día y quiere ser la primera de su clase, no sólo, en nuevas tecnologías y comunicación, sino en la influencia que éstas tienen, y reciben, en cualquier aspecto de nuestras cotidianas e insignificantes vidas.

Por otro lado, además de exposiciones de arte cofrade, de vez en cuando, se nos ofrece, a nosotros cotidianos espectadores de este mundo, la oportunidad de conocer más que el arte del pasado, el arte del futuro, proyectos de vanguardia. En esta ocasión, ha sido el Colegio de Arquitectos, que ha llevado a cabo una exposición, por cierto a punto de finalizar, donde se daban cita las obras más significativas de arquitectos contemporáneos, integradas a la perfección en ciudades históricas. ¿Acaso el Colegio de Arquitectos le estaba diciendo al Ayuntamiento algo así como "tomad nota"? Sería otra noticia extraordinaria, en caso de confirmarse.

Y por último, otro de esos eventos que se producen de vez en cuando, y que muy probablemente me perderé por los problemas de siempre, a los que no quiero ni referirme: el Festival de Cine. Hace años, cuando empezó a convocarse, alguien tuvo la genial idea de unir en la misma oferta el cine y el deporte. Pero, ¿a cuántos frikis gafapastas apasionados del cine europeo de autor, o simplemente fans de Woody Allen aunque ya esté pasado de moda, le interesan los mundiales de atletismo? La cosa no funcionaba y, al final, ha sido como debe ser. Cine 100% cine. Y los mundiales de atletismo ya pasaron.

28.10.06

Cuando seas padre...

...comerás huevos.

He oído tantas veces ese refrán, me lo dijeron tantas veces, que fui tonta y me lo creí. Nunca lo asocié al hecho de tener hijos, sino al de cumpliar años. Interpretaba: "Cuando seas mayor, serás libre". Y yo, de nuevo, fui tonta y me lo creí.

Desde entonces, fui cumpliendo años y reservándome para el gran momento de comer huevos, de ser adulta. Decidí portarme bien, hacer lo que todo el mundo esperaba de mí sin preguntarme si era lo que yo quería, procuré no defraudar a nadie y ser "una niña buena".

Perdí todas las oportunidades de rebelarme contra la autoridad, porque deseaba con todas mis fuerzas colaborar con ella. Seguramente deseaba era ser aceptada. Y mi única queja, mi pequeña rebelión, se producía sólo cuando no se tomaba en serio el esfuerzo que estaba haciendo, cuando se minimizaba.

Ya está bien. Ya soy adulta, o eso dicen. Y no compensa. He conseguido cargarme de responsabilidades y obligaciones que no puedo asumir. Y como siempre lo he dado todo, se sigue esperando que realice los mismos esfuerzos de antaño. Y estoy harta de superarme.

Ya está bien. Ya ha pasado todo.

Y no dejo de preguntarme por qué, cuando tuve la oportunidad, cuando era el momento de hacer las cosas, no lo aproveché. Esperé. Quise ser legal.

Y mi recompensa es haberme perdido la vida que pude tener. Porque ahora ya ha pasado todo. Ya no puedo romper las ataduras, ya no puedo soltar amarras. Debí hacerlo antes, cuando todos lo hacían. Debí ser insolente, irresponsable y despreocupada. Debí ser egoísta. Debí pensar en mí, cuando nadie lo hacía.

Eso sí, los huevos no me gustan. Ni fritos ni de ninguna otra forma. Será por eso que renuncié a comerlos.

26.10.06

Con la vista perdida

Ya lo anunciaba sutilmente, como viene siendo habitual en ese tipo de ofertas, la letra pequeña del rimbombante anuncio del periódico, en un lenguaje que no conseguí descifrar, pero que me sugería sin paños calientes que estaba demasiado miope como para hacerme unas gafas nuevas a buen precio.

No es que no fuera capaz de leer la "letra pequeña". Nada de eso. Si los ojos, hoy por hoy, para lo que me sirven es para leer. Eso sí, no me pidas que salga a cazar perdices, que me pueden pasar a dos metros en vuelo rasante y seguramente no las veré.

No, se trataba de un mensaje más o menos críptico incluido en el anuncio, por lo demás muy clarito, que venía a decir algo así: "Montura y cristales, 20 euros. Precio limitado a existencias, a los modelos más feos de nuestro escaparate y a miopes que tengan entre una y dos dioptrías". O algo así.

Pero me arriesgué. Me arriesgué a quedar como la cegata del pueblo. La muchacha que me atendió me dijo: "Es que con los cristales que tú necesitas no te lo podemos hacer, porque te pasas el límite de dioptrías. Además, esto está limitado a cristales sin reducción". Lo que era fácilmente traducible como: "Además, como no te hagamos reducción en los cristales, te veo con dos culos de vaso en la cara, bonita". Creo que aquella chica se reía para sus adentros. ¡Cuánta maldad hay en este mundo!

Después llegó la odisea de las monturas. La chica sólo me sacaba gafas que llevaban inscrito en el lateral cosas como "Carolina Herrera", o "Prada", o "CK"... No sé si es que no tenía otras o que me veía con ganas de tirar el dinero, aunque si fuera esto último podríamos decir que la que estaba totalmente ciega era ella. Era indiferente, con marca o sin ella, ninguna me gustaba, ninguna me sentaba bien.

Al fin, encontré unas gafas que, muy a pesar mío tenían una de esas inscripciones, pero resultaban más o menos discretitas. Y sin embargo, cada vez que me las pongo, no dejo de ver en el espejo a la inimitable Rosa León.

Con todo esto, lo que quiero decir es que, mirar seguiré mirando al infinito, aunque cada año vea menos. Y el dinero que me cuesta.

¿Por qué cosas tan básicas como ésta no las paga la Seguridad Social?

23.10.06

Bromas de la Historia

El almirante británico sir George ROOKE, al frente de una escuadra angloholandesa formada por más de 80 buques, tomó en 1704 la ROCA o Peñón de Gibraltar, sin apenas resistencia. Sus habitantes huyeron a diversas poblaciones cercanas, si bien la mayoría se reunió alrededor de la ermita de San ROQUE, donde fundaron una nueva localidad, con el mismo nombre.

Además de los juegos de palabras, lo más famoso de este pueblo gaditano, en cuyo término municipal se sitúa el yacimiento púnico-romano de Carteia, es su perro, mil veces mutilado por el dicho popular. El animalillo tiene hasta una estatua.

22.10.06

Una casa

Una casa con zaguán en penumbra, que recibe al visitante con los brazos abiertos de silbante frescor, apaciguando con mimo su mirada de estruendosa cal, reflejada en el sol de las calles. Una casa con patio, apoyado grácil en columnas, columnillas o pilares enroscados de hojarasca, poco importa; centrado por el run-rún de la fuente infinita e inaccesible, de un agua que uno no ha de beber; despierto en el verde de hojas, que caen por doquier. Una casa con pasillos breves y estancias cercanas. Una casa con pavimentos cerámicos, que acarician con hielo intermitente los pies descalzos del verano; y se visten de otoño con ropas de lana suave, de colores mitigados. Una casa de verano y de inverno. Una casa con un piso alto, de cristales donde ver golpear las gotas de lluvia, desde el familiar abrazo a una taza de café humeante; de cristales donde ver brillar las primeras luces de la primavera temprana, desde donde tomar decisiones alegres, como prescindir de la bufanda. Una casa de escaleras crujientes. Una casa de habitaciones sin muebles, con paredes que hablan, forradas de arte y de inarte, con luces cálidas y cortinas voladoras. Una casa que vive hacia dentro, sin alardes exhibicionistas. Una casa con neveras inventadas, horadadas en las esquinas de las gruesas paredes. Una casa de piedra, de ladrillo, de madera, relumbrada de cal y de estuco; renombrada por pinturas romanas a mano alzada y mocárabes colgantes, auténticos o falaces. Una casa de verdad.

¡Cómo hecho de menos esa casa que nunca tuve y que, seguramente, no tendré jamás! Las casas ya no se hacen artesanalmente. Vivo en un décimo piso, sin décimos de lotería que me permitan, por azar, hacerme con suficiente dinero como para pagar una casa hecha a mano, como las de antaño.

La historia es sabia y toda ella está recorrida por casas como esa en esta tierra. Y sin embargo, a alguien se le ocurrió, hace años, que todas las ciudades debían seguir el mismo modelo, independientemente de la forma de vida de cada ciudad, de su clima o de su carácter. Todas las ciudades se han hecho una, con prefabricados de cemento de baja calidad y paredes de papel que dejan oir los suspiros del vecino, hacinados unos sobre otros, en una colmena cualquiera que es igual aquí que en Pekín.

Yo quiero una casa romana y mora, donde el baño se me empañe y el vaho ascienda hasta irse, silencioso y discreto, por las lucernas del techo.

21.10.06

Eventualmente, blogs

No soy muy dada a enlazar por enlazar, pero creo que este enlace se lo merece. Se trata de un Evento que tendrá lugar en Sevilla durante los días 17, 18 y 19 de Noviembre, y que presume de ser la primera gran cita estrictamente bloguera de España.

Y quizá lo sea, ya que aunque ha habido propuestas anteriores, siempre - que yo sepa - han ido vinculadas al periodismo y tratando de marcar las distancias entre en el periodista y el bloguero, que, aunque a veces lleguen a fundirse en una misma persona, suelen ejercer un papel u otro según las circunstancias. La última noticia respecto a este tipo de jornadas me llega vía Sergio Mahugo y tuvo lugar en Valencia: se trataba del Primer Congreso de Periodismo Interactivo.

El Evento sevillano tiene la intención, por su parte, de analizar el impacto de los blogs en todos los aspectos de la sociedad. En ese sentido, las "mesas redondas" que más me han llamado la atención y a las que me apetecería asistir son las referidas a "Blogs y Empresa" - el hecho de que tenga lugar el viernes por la tarde limita todas mis posibilidades de asistencia - y "Blogs y Ética" - que teniendo lugar un sábado, hace más fácil la participación de todos los interesados.

Pero hay algo que me tira un poco para atrás. Iba a apuntarme sin dudarlo, a pesar de la obligación de renunciar a la primera jornada por motivos de trabajo, cuando descubrí que el "formulario de asistencia" consistía nada más y nada menos que en dejar un comentario en la entrada "Ven a Sevilla. Inscríbete". A día de hoy, a las diez y media de la mañana, las personas que han dejado su comentario son 142. ¿Sólo 142? ¿Es ésta una forma seria y organizada de preparar un evento de esta, pretendida, magnitud e importancia? Desconfío, desconfío.

Así que en esas estoy, deshojando la margarita. ¿Voy? ¿No voy? ¿Alguien se apunta? ¿Alguien me da su opinión?

20.10.06

Plan General de Sensibilización: Humaniza

La Consejería de Humanidad de la Ajunta de Andalucía ha presentado recientemente el "Plan General de Sensibilización: Humaniza", elaborado con el fin de potenciar la sensibilidad de las relaciones humanas en la sociedad andaluza, que recuperarán de este modo un puesto destacado en la escala de valores de los ciudadanos.

Los objetivos del Plan Humaniza son los siguientes:
  • Garantizar la reubicación y valorización de las relaciones humanas, que se situarán al mismo nivel que otro tipo de relaciones, como las comerciales o de negocios.
  • Impedir la deshumanización progresiva de la sociedad, evitando principalmente los casos extremos de abandono familiar y transtornos mentales y del comportamiento derivados de la deshumanización, como depresión, angustia social, intentos de suicidio o compulsión maníaca de rechazo al mundo entero.
  • Dar a conocer y fomentar valores olvidados, como la amistad -sincera-, el cariño, el respeto, la solidaridad...
  • Recuperar modelos de vida y comportamiento que tan arraigados estuvieron en nuestra cultura, estableciendo de este modo una propuesta integral que actuará conjuntamente con áreas de cultura, patrimonio y etnología.
  • Mejorar las condiciones de vida emocional de personas deshumanizadas, para su reinserción en esta nueva sociedad humanizada.
  • Respaldar a aquellas personas que luchan por la humanización, aunque ello vaya en contra de sus intereses físicos, económicos o laborales.

Para llevar a cabo estos objetivos, la Consejería de Humanidad ha planteado varias líneas de actuación:

  • Campaña de Marketing: creación de imagen de marca del Plan Humaniza, diseño de contenidos, elaboración de folletos, trípticos y cartelería, spots para radio y televisión, etc.
  • Campaña de Sensibilización desde las Aulas: formación específica para el profesorado, organización de cursos y seminarios dirigidos a niños y jóvenes, para informarles de la existencia de estos valores.
  • Talleres con Mayores: se proveerá de personal específico a los centros de día y centros de la tercera edad, que será el encargado de recoger los testimonios de nuestros mayores, con el doble objetivo de reportarles la satisfacción de sentirse escuchados y de transmitir su experiencia a la siguiente generación.
  • Subvenciones para empresas: se dotará de un plus de "buen rollo" a todas aquellas empresas que, en lugar de premiar a los trepas desalmados, potencien la armonía de sus trabajadores, evitando que se originen perfiles como el del "aprovechado" o el "envidioso".

El Plan Humaniza ha establecido un marco cronológico infinito, para el desarrollo de estas líneas de actuación, que contarán con un presupuesto de cero euros, complementados con una enormidad de buenos sentimientos. De este modo, está previsto que durante los próximos años, los beneficios de felicidad personal, plenitud emocional y satisfacción humana se multipliquen.

Con todo ello, la Consejería de Humanidad pretende recuperar elementos tan básicos para la vida cotidiana de los andaluces, como el tradicional "buenos días", que solía decirse por las mañanas; evitar comportamientos egoístas, destinados al único beneficio personal; y garantizar un futuro donde una sonrisa sea capaz de mover el mundo.

18.10.06

Naturaleza Humana

Somos un devenir constante y lo que nos define es la evolución, el cambio. Así que, en esencia, se puede decir que casi no somos y que, más bien, estamos. Y eso, cuando estamos.

Los que dejan estelas, como los cometas, ya pueden presumir de "ser". El problema es que los que son y tienen estelas, casi nunca están. Sólo estuvieron. La trascendencia sólo se vislumbra a posteriori. Así que, quienes aspiran a "ser" nunca sabrán si lo han conseguido o no. Lo curioso es que la vida se disfruta más estando que siendo, porque las esencias monolíticas imponen ataduras difíciles de soportar.

16.10.06

Hablar por boca de otro

El listo, el snob y el tonto. Increíble, pero cierto. Hay algo peor. Hay un personaje que reúne las peores características de los tres anteriores: el erudito. Ese personaje que ha leído mucho y ha vivido poco; que esgrime las lecturas que a base de reglas nmemotécnicas va almacenando en su cerebro para quedar por encima de los demás, menos leídos. En ese almacén que tiene por cabeza casi se puede encontrar de todo: desde obras de arte, con la correspondiente reseña del catálogo; a noticias de actualidad, con la correspondiente referencia de fecha de publicación y autor. Una enciclopedia con patas que habla por la boca de otro.

Uno de sus mayores divertimentos consiste en lanzarse al cuadrilátero con otros de su especie a debatir cualquier asunto de interés, por el exclusivo medio de las "citas", gracias al cual el resto de los asistentes al combate se puede quedar a dos velas pensando que es medio imbécil. Para ello utilizan frases del tipo "según el pensamiento de fulanito... blablabla", con lo que quien no conozca al fulantio, poco puede opinar. De esta manera, persiguen una de sus mayores satisfacciones, humillar a la ciudadanía que pasaba por allí.

El otro objetivo es, sin duda, vencer al contrario con argumentos que no pueda rebatir. En ocasiones me recuerdan a los pokemon, si se me permite el símil: estos muchachos de dibujitos animados que tenían bolas con bichos dentro y que no hacían... ¡nada! Simplemente, lanzaban a sus bichitos -después de pedirles que salieran de sus bolas, claro- a pelearse entre ellos. Del mismo modo, los eruditos lanzan a los autores de sus libros de cabecera a pelearse entre ellos.

Quizá creen que sacarse de la manga a fulano o a mengano sea un ejercicio de ingenio, cuando no es más que un ejercicio de pedantería. Lo que piensan ellos nunca queda del todo claro, y así se cubren las espaldas, no vaya a ser que digan un sinsentido. Nunca dirán "yo creo", "yo pienso", "yo opino"... Quizá sea una cuestión de escasa autoestima.

Hay veces que se les ve el plumero, que con un poco de trabajo y conociendo mínimamente el idioma se pueden traducir-traslucir sus ideas. Y son de lo más sencillas. Pero eso sí, si estuvieran formuladas de un modo "natural" y, sobre todo, con una voz propia, carecerían de esa "pátina de verdad" de los autores antiguos o las ideas establecidas. Dejarían de ser crípticas, herméticas, y serían accesibles a todos. Y eso, para el mundo elitista de los eruditos, sería lo peor que les podría ocurrir.

El erudito renuncia al lenguaje universal. El erudito tiene demasiado miedo como para arriesgarse a crear imágenes propias. El erudito, quizá no lo sepa, pero con su actitud constante, reniega constantemente de la belleza.

9.10.06

Viajeros

Hay quien se va para no volver. Eso no es viajar, es huir. Como la juventud, divino tesoro. O como el tempus, que fugit.

Hay quien se va para volver tal como se fue. Ese es el viajero estilo "maleta", que lo mismo puede quedarse en el aeropuerto sin ser reclamado por nadie.

Hay quien se va para volver con menos dinero y más fotografías de sí mismo, en poses extrañas y supuestamente graciosas, tomadas en entornos de interés. Ese es el viajero estilo "guiri", que todos debemos evitar si queremos mantener intacto el equilibrio mental.

Hay quien se va sin desvelar a dónde ni tampoco cuándo volverá. Ese es el viajero estilo "aventurero". En realidad, cuenta con una red muy bien tupida de amigos-conocidos-familiares-compañeros en todo el mundo que seguramente le alojará o le hará la vida más fácil en su camino. No es de fiar: o bien te pide dinero o te mete en problemas.

Hay quien se va con los ojos abiertos y los bolsillos llenos. Ese es el viajero estilo "turista clásico". Disfrutará un montón, pero sólo serán vacaciones y hasta el año que viene no se pueden repetir.

Hay quien se va con una excusa difícilmente sostenible, sólo por cambiar de aires. Ese es el viajero estilo "hastiado de la vida". Volverá pronto y sin ganas de moverse de casa.

Hay quien se va intermitentemente, de manera que nunca sabes si está de camino o de regreso. Ese es el viajero estilo "guadiana". No sabe muy bien dónde está, qué día es o cómo se llama. Un despistado para fuera.

Hay quien se va a tan sólo unos metros de distancia. Al día siguiente, da un paso más; otro día, coge la bicicleta; de vez en cuando, un cercanías. Y cuando te quieres dar cuenta ha desaparecido de tu vida. Es el viajero estilo "viejo amigo". Cuando vuelves a verlo, ya no lo reconoces. Porque, casi sin ser consciente de ello, tú también diste un paso, cogiste la bicicleta y usaste el cercanías más de una vez.

Hay quien viaja montado en el mundo. Yo he recorrido hoy un día entero, sin moverme de aquí. Ese el viajero estilo "cómodo". Cree que viaja pero no sólo termina en el punto de regreso, sino que un día se da cuenta de que no ha hecho ningún recorrido. Y las piernas están ya demasiado endebles, han olvidado como caminar.

Desde la ciudad ficticia

La profesora de la Universidad de Málaga, Reyes Escalera, que espero no se disguste si se ve citada en estas páginas, me ha facilitado una documentación muy interesante -muy valiosa, me atrevería a decir- sobre la Fiesta Barroca, para realizar un trabajo que ahora no viene al caso.

Como buena historiadora, sus palabras nos permiten al resto de los mortales, no sólo comprender nuestro pasado, sino ver en él el reflejo de nuestro presente. Concretamente, habla de la transformación de la ciudad con motivo de la fiesta y cómo, llegado el momento, las calles, las casas, cobraban un aspecto completamente ajeno a la realidad, ocultando sus miserias con tramoyas y arquitecturas ficticias. Así, se llegaba a construir una "ciudad irreal, utópica, de teatro, de tramoya, ficticia, excepcional...", cito.

No estoy segura de qué tipo de crema antiarrugas utilizan los sevillanos, pero parece que va muy bien puesto que, 400 años después de aquello, la ciudad muestra la misma cara. La misma vida de desgaste cotidiano sin objetivos, cuyo único consuelo es la fiesta anual, pero ocasional. El sevillano vive por y para la fiesta y no, como en otras poblaciones con más sentido del "marketing", para sacarle un provecho económico a una vieja tradición. No, el sevillano lo vive desde dentro, de un modo visceral, completamente irracional, como una adicción al divertimento que surge de la conciencia agresiva de un vacío existencial. En Sevilla sólo existe la Feria y la Semana Santa.

Igual que hace 400 años, el tedio y las pocas ganas de trabajar son la norma de un modo de vida que sólo encuentra su sentido en la evasión de la fiesta, en no ir hacia ningún sitio. Igual que hace 400 años, la fiesta es una alabanza al poderoso. Igual que hace 400 años, acatamos las consecuencias de un clasismo que ya ha sido superado hace mucho en la otra cara de la vida, esa vida cotidiana y "racional" de todos los días. Igual que hace 400 años, aunque la ciudad se caiga a pedazos, cuando llegue el momento estará a punto para vestir sus mejores galas.

Las obras del metro no podrán con el Consejo General de Cofradías. Los derechos de los ciudadanos no podrán con las "sillas" que sólo pueden pagar unos pocos, comiéndonos las calles, ese preciado don llamado "espacio público". La diversión y el jamón "cinco jotas" de las casetas se apagarán al paso del interés general y el común de los mortales, mientras se encienden, tímidamente de nuevo, cada vez que se deja ver la característica figura del pícaro, que existe desde antes del Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán. Las fachadas se vestirán de domingo de ramos, con palmas y banderas de la ciudad, capaces de tapar los desconchones. Y en los balcones, los "señoritos", que ya eran señoritos hace 400 años, se asomarán más para dejarse ver, que para contemplar la fiesta.

Y el mundo entero se detendrá, frotándose los ojos, incrédulo, para comprobar cómo, un año más, el humo puede crear figuras hermosas donde sólo hay vacío y miserias. Un año más, y ya van 401.

Dejar de pensar

Últimamente he visto como se disparaban las visitas de mi blog y no sé si achacarlo a la casualidad o a la causalidad de visitar por mi parte otros blogs que, a su vez, tienen muchas visitas. De cualquier manera, esta inesperada "publicidad" me ha provocado un miedo escénico que ahonda más si cabe la incipiente crisis que vengo experimentando desde los últimos meses.

No es que antes escribiera más. Al contrario, la frecuencia de posteo ha ido aumentando, según se desintegraban las ideas y la auténtica necesidad de escribir.

A principios del verano, no sabría decir exactamente en qué mes, puesto que en Sevilla el verano es muy largo -empieza en abril y aún no ha terminado- me planteé cerrar el chiringuito. Un día, sin saber cómo ni por qué, sentí que ya se había producido el cambio: del capullo no salió una mariposa, sino otro capullo aún más grande. Había perdido completamente la fe -en general, en todo- y había hecho mella en mí el escepticismo, el cinismo, el sarcasmo. Estoy acomodada y "aburguesada". Casi "hamburguesada". Así que no merecía la pena seguir buscándole las cosquillas a este mundo, visto con estos ojos miopes. Los que llevo puestos detrás de las gafas y los otros.

He hablado desde entonces de filosofía, sin pretenderlo. He recurrido a la lógica oculta en la psicología para explicarme actitudes y comportamientos locos, de este loco mundo. Y todo, con la espinita clavada de intuir que, en realidad, todo es inútil.

Sin más preámbulos: me he agotado. Ahora sólo quiero descansar, no hacer nada. Descansar, dejar de hacer. Dejar de pensar. Dejar de escuchar la incongruencia de frases incoherentes y contrapuestas, como dos verdades en lucha que no se pueden demostrar, ni en positivo ni en negativo. Dejar de buscar la comodidad y falsa sonrisa del sarcasmo para autocomplacerme. Dejar de buscar la razón de la lógica. Dejar de buscar. Dejar de querer encontrar. Dejar de pensar.

¿Si dejo de pensar me negaré a mí misma? ¿Esta reflexión es aplicable a todos? Si así fuera, tendría sentido aquello de "no somos nadie".

2.10.06

¿Y si voy de esmoquin?

El próximo sábado tengo que asistir a una boda. No tengo gran interés, ya que no conozco ni al novio, ni a la novia: se trata de una de estas bodas de compromiso, en que el invitado tiene una relación laboral con el contrayente y ha de llevar un "acompañante" que, por razones que no termino de entender, tengo que ser yo.

La historia tiene sus ventajas: me invitan a cenar, conozco lugares nuevos -el bodorrio es en un pueblo del Aljarafe que no he visitado hasta ahora-, me permite romper la monotonía de las tardes de sábado de relax...

Pero en sí, casi todas estas ventajas, conllevan grandes desventajas. Lo de la cena de gorra no. Pero por lo demás: tengo que conducir por carreteras ignotas con una "ele" colgando de la esquina superior izquierda del parabrisas trasero de mi vehículo y con una ropa, seguramente, incomodísima; me van a negar mi siesta sagrada de los sábados; me van a obligar a meterme dentro de una iglesia, arriesgándose a que mi piel se inflame y se llene de llagas o empiece a vomitar bilis verde, mientras insulto a los novios; etc.

Pero lo más grave es que no me dejan ir en vaqueros. Nunca he sido una fanática de la moda y mi presupuesto no da para excesos en compras. Y bueno, cuando me lo he podido permitir, he preferido gastarme el dinero en viajes o comidas, antes que en trapitos. Así que, si ya tengo poca ropa, la ropa de fiesta directamente no entra en mi armario.

El hecho es que, por alguna razón que desconozco, estoy obligada a llevar un vestidito de fiesta. He podido esquivar el engorroso asunto de los floripondos, los tules y los volantes; lo que no he podido evitar es el desembolso económico. ¿Por qué para acompañar a alguien a una boda que ni me va ni me viene me tengo que gastar tanto dinero?

Hace poco me dieron una idea fantástica para librarme de pagar tan alto precio. "¿Por qué no alquilas un traje?". No caí en la cuenta de que la palabra que utilizó fue "traje" y no "vestido". Por alguna razón, los hombres que tengan un compromiso de este tipo no tendrán que gastar tanto dinero como yo, ya que tienen la posibilidad -posibilidades infinitas, diría yo- de alquilar en cualquier sastrería un traje, un chaqué, un esmoquin, un chaleco brillante de fiesta... Lo que quieran.

¿Por qué las mujeres no tenemos esa posibilidad? ¿Por qué estamos obligadas a ir preciosas, con vestidos monísimos e incomodísimos, y siempre distintos para cada ocasión? ¿Por qué si un hombre, en lugar de alquilar, se decide a comprar un traje, lo amortiza de aquí a 20 años; mientras que yo, si tengo una boda por año, durante los próximos 20 años, tendría que comprarme 20 vestidos?

Entonces me hice la gran pregunta: "¿qué pasaría si voy de esmoquin? ¿De verdad se armaría tanto revuelo? ¿Tomarían a mi pareja por gay y a mi por transexual? ¿Lo considerarían una excentricidad apoyada por las tendencias de moda de vanguardia? Es más, ¿por qué me tengo que ver en el ojo del huracán, criticada, censurada y juzgada por los demás asistentes en función de lo que vista? ¿De verdad importa tanto?". En realidad, lo que a mi me importa, es que el compañero de trabajo del novio, a quien acompaño, no se sienta incómodo y se lo pase bien.

Al final encontré un vestidito de urgencia, más o menos apañao y bien de precio -rebajado a la mitad de su precio original-, en el Factory, lo que implica que es de la colección de 2005. Con suerte, nadie se dará cuenta de que está anticuado. Con suerte, si tengo otra boda próximamente podré volver a utilizarlo porque, con suerte, no coincidiré con los invitados. Sólo espero no engordar.

PD. Tenía que escribir una frivolidad para desincrustarme las manchas de tristeza que llenaban mis últimas entradas.

30.9.06

Recuerdos de Jimeno

Ahora sí.
Ya puedo planchar la ropa, que nadie se tumbará encima, dejándola llena de pelos.
Ya puedo hacer la cama, sin que nadie enrolle en las sábanas o patalee sobre el colchón.
Ya puedo barrer debajo de los muebles, que no encontraré ningún obstáculo inesperado.
Ya podemos comprar muebles nuevos, que nadie los arañará.
Ya puedo abrir el armario, que no sorprenderé a nadie dentro, revolviendo entre mis cosas.
Ya puedo llenar de objetos decorativos cualquier repisa, que nadie va a caminar entre ellos, tirándolos.
Ya puedo dejar que se me caigan las cosas de las manos, que nadie las va a tomar por una pelota que se puede hacer rodar hasta la otra punta de la casa.
Ya puedo cerrar las puertas, sin temer dejar a nadie encerrado.
Ya puedo abrir mi ventana, sin temer que nadie se siente en el alféizar, jugándose la vida.
Ya puedo limpiar y preparar pescado para comer, que no tendré que compartirlo con nadie.
Ya puedo sentarme a comer, que nadie va a intentar robar comida de mi plato.
Ya puedo comprar plantas y flores, que nadie irá a comérselas.
Ya pueden entrar insectos en mi casa, que nadie los va a perseguir.
Ya puedo trabajar tranquila, sin que nadie juegue con mis papeles.
Ya puedo escribir en el ordenador, sin que nadie pisotee mi teclado.
Ya puedo tocar la guitarra, que nadie morderá las cuerdas.
Ya puedo entrar despreocupadamente en una habitación a oscuras, sin temer pisar a nadie.
Ya puedo tumbarme en el sofá, que nadie vendrá a sentarse en mi barriga.
Ya puedo llegar a casa destrozada del trabajo, que nadie se va a ovillar en mi regazo, para ronronear cálidamente y hacerme ver que siempre contaré con él.

Sólo era un gato, pero ha dejado esta casa vacía.

28.9.06

Jimeno


Así lo ví, hace más o menos cuatro años, durmiendo plácidamente. Y así lo quiero recordar. En el día de hoy, esta página sólo podía estar dedicada a él, mi "compañero de fatigas". Aquel que estuvo a mi lado cuando nadie más estaba; aquel que me hacía reír, cuando yo sólo quería llorar. Espero que en esta corta existencia, de tan sólo ocho años, haya sido feliz.
Hasta siempre, Jimeno.

26.9.06

El Retorno de los Archisónicos

A riesgo de parecer una niñata cualquiera, me voy a atrever a escribir la frase que lleva todo el día retumbándome en la cabeza: ¡Cómo mola el disco de Muse!

Después del fiasco megalómano que resultó ser Absolution, aburrido y completamente prescindible; estos tres pavos parecen decididos a purgar sus pecados con un disco sin pretensiones, justo lo contrario del anterior. Consiguen ahora tomarse un poco menos en serio a sí mismos, o así interpreto yo su actitud, a la vista de las declaraciones del castrato Bellamy en referencia a los alienígenas y la conspiración mundial. Pura ironía. Eso debe ser.

El asunto es que Black Holes and Revelations es un disco fácil de escuchar. Muy, muy sencillito. Pero chispeante y divertido, recuperando el espíritu cachondón del sobrevalorado Origin of Symmetry, que debió surgir como una broma de buen gusto y llegó a ser un disco de "kool-to" (léase "culto"), sin saber muy bien cómo. Y si no, escúchense las referencias de guitarra hispánica en "Plug In", que se reproducen de nuevo aquí. Qué humor tienen estos chicos.

No le he prestado ninguna atención a la letra, pero es evidente que la letra es lo de menos. Lo es siempre para Bellamy, demasiado preocupado en dar agudos como para pararse a respirar y vocalizar.

Lo que más mola del disco es la cantidad de oportunidades que brinda a pringaíllos ridículos como yo. Sonidos archisónicos sin par, de los que te permiten dar la rienda suelta a tus institos, haciéndote bailar como la chica de Flashdance -quien pueda, claro- y sobre todo, ofreciéndote un montón de registros expresivos para practicar poniendo caras en el espejo, o probando con maquillajes extravagantes y peinados frikis. En ocasiones como esta, sueño con tener el látigo de Jessica Alba en Sin City para menearlo haciendo "chás-chás", mientras susurro silabeando "su-per-mass-ive-black-hole!"

De referencias musicales, no merece la pena hablar, porque sobran. Sólo diré, que tienen suerte de que Schubert lleve tantos años muerto. Si llevara unos poquitos menos, aún tendría fuerzas para levantarse de la tumba y llevarles a juicio por el copieteo descarado del tradicional Ave María matrimonial, que perpetran sin pudor en el corte número cinco del disco, "A soldier's poem".

¿Cómo calificarlo? Como technorrock-barroco. ¡Cómo mola!

24.9.06

Odaliscas y Palos de Escoba

Hoy he estado hablando, fuera del ciberespacio, sobre el concepto de belleza femenina al que alude la entrada anterior. Mi interlocutor, además de confirmar a título personal esa teoría, tan defendida por parte de los hombres, de que las mujeres que de verdad les atraen no se asemejan en absoluto a las modelos escuálidas -se refirió a la imagen de lozana juventud que ofrecían en su momento Carmen Sevilla y Sofía Loren como iconos sexuales-; añadió un par de ideas interesantes. La primera, que muchos diseñadores prefieren modelos que no llamen la atención, para que no sean protagonistas por encima del vestido que lucen. La segunda, que el estilo filiforme de los cuerpos de las modelos tiene relación con la intención "artística" -estética, matizaría yo- de los diseñadores.

Al pensar en una mujer estilizada e ideal como obra de arte en sí misma, se me vino a la mente esta pintura:

Aunque de Ingres se haya dicho que estuvo a medio camino entre el clasicismo y el romanticismo, aunque se haya dicho que aplicaba las normas del dibujo clásico a un concepto romántico de la belleza; todo eso no implica que ese dibujo construyera formas extraídas de la realidad. En sus obras no hay naturalismo. La Gran Odalisca es una idealización, una conceptualización, de una belleza que no está en la naturaleza. La Gran Odalisca no es ninguna mujer: ni ha existido, ni existirá nunca.

¡Viva el Pelo!

Modelo.
(Del
it. modello).
1. m. Arquetipo o punto de referencia para imitarlo o reproducirlo.

Esta es la primera acepción que ofrece el diccionario de la RAE del término "modelo". Si los modelos son "ejemplos a seguir", tiene sentido que los responsables de eventos como la Pasarela Cibeles, pongan mucho cuidado en el "punto de referencia" que quieren transmitir a quienes van dirigidos este tipo de acontecimientos: tiendas y consumidores de moda. Pero no sólo eso, los medios de comunicación, principalmente televisión y revistas especializadas, magnifican la difusión de estos eventos, que puede llegar a cualquier ámbito y rincón de nuestra sociedad.

Por eso, no es de extrañar, que todas aquellas personas preocupadas por inculcar unos valores de salubridad, por encima de un concepto de belleza fútil e inalcanzable, desde poderes públicos a padres y madres que ven el espectáculo de la moda desde el sillón de sus casas, intenten frenar una tendencia que lleva muchos años siguiendo un camino torcido. No hace falta que venga ningún médico a explicarnos que las muchachas de las pasarelas están un poco faltas de carne: si las tuviéramos delante, seguro que más de uno le ofrecería un puchero o una ensaimada.

En definitiva, aplaudo llena de satisfacción que se haya tomado una iniciativa para evitar que personas enfermas puedan desfilar como modelos, esto es, como "ejemplos a seguir". ¿Es que vamos a hacer de la enfermedad un paradigma de belleza? Cibeles ha sabido verlo, aunque con cierto retraso.

Quizá sólo faltaba dar un paso más. ¿De qué se trata? ¿De impedir la entrada de una imagen escuálida en nuestro subconsciente como modelo de belleza? ¿O de presentar como modelos de belleza a mujeres reales? Porque si se tratara de esto último, cabe decir que los organizadores se han quedado cortos. Falta la estría y la celulitis de las mujeres reales; falta el poco tiempo para maquillarse y darse cremitas; falta la imposibilidad de ir todas las semanas a la peluquería a tomar tratamientos de hidratación intensiva contra la sequedad del cabello; faltan los conjuntos de tiendas de barrio o las piezas de mercadillo bien combinadas, porque no podemos ir a comprar ropa a los diseñadores que participan en Cibeles.

Pero sobre todo, falta pelo. ¿A quién se le ocurrió que la mujer perfecta era una mujer que carecía de pelo en todo el cuerpo, salvo en la cabeza, donde debía ser largo, sedoso y abundante? ¿A quién se le ocurrió que, periódicamente, debíamos sufrir esa tortura llamada "depilación"? ¿Qué tipo de sádico se excita con una mujer lo suficientemente masoquista como para provocarse esos daños? ¿Es que nadie se ha enterado de que las mujeres, como los hombres, tenemos pelo por todo el cuerpo? ¿Será posible que los hombres consideren a las pieles tersas, satinadas y "calvas" de las modelos como "modelos de belleza"?

Ya hemos dejado de pasar hambre para contentar a los hombres o a nosotras mismas, engañadas por un canon de belleza que hemos asimilado tras un hábil bombardeo de imágenes. ¿Para cuándo la rebelión contra la cera y las pinzas?

23.9.06

Conciencia Democrática

"Esta sociedad no está preparada para la democracia". Estas palabras se las oí decir a alguien, de quien no voy a revelar la identidad. Estas palabras consiguieron que me rebelara al instante, posicionándome radicalmente en contra, alabando, desde mi idealismo desbocado, las virtudes del ser humano de hoy que, felizmente guiado por su razón y su sentido de la moral, es capaz de regirse a sí mismo. Estas palabras, pronunciadas hace más de un año, no revestían para mí ni una sombra de duda.

Se refería a la sociedad y la democracia de otro país, Italia. Y al visitarlo, inconscientemente, fui entendiendo cómo pudo llegar a conclusiones tan extremas. Una sociedad con un desequilibrio tan abrumador entre el Norte y el Sur, que sigue los sucesos de su política con total pasividad. Una sociedad mediatizada, donde todos los medios pertenecen a una única persona, que casualmente, es (era) el Presidente de la República. ¿Cómo era posible que en el Sur, donde con más crudeza se viven las consecuencias de una mala gestión nacional, aderezadas con la presencia de ese "fantasma" regional, que lo sobrevuela todo y que se hace llamar mafia, nadie se plantee que es necesario un cambio?

Muy al contrario, todo al que se le preguntaba, contestaba casi ofendido, que allí no había problemas y que Berlusconi lo estaba haciendo muy bien. ¿Y sus conciencias? ¿Y su razón? ¿Y su sentido de la moral? ¿Es que no tenían esa vocecita en sus cabezas que les indicara lo que estaba bien y lo que estaba mal? Al parecer no escuchaban los susurros apagados, ahogados en las señales contradictorias de la experiencia de la vida cotidiana. Su actitud, por encima de las quejas constantes entre ellos que no llevan a ningún lado, se limitaba a esperar a que algo cambiara. Su actitud era completamente pasiva: esperaban que "alguien" resolviera sus problemas por ellos y su sueño era huir a un lugar mejor.

Quizá esta gente sin sueños, esperanzas o ambiciones; sin ganas de apartarse un poco de su realidad para poder comprenderla a fondo; sin intención de mejorar las condiciones de vida de su tierra... Quizá ellos no estaban preparados para la democracia. Quizá ellos no tenían la suficiente capacidad para escoger democráticamente, siguiendo los dictados de su conciencia, porque quizá no habían sido entrenados para escuchar a su conciencia. Quizá ellos, sin interés en participar en el destino de su país, no sabía elegir a un candidato que no había surgido de su sociedad, de sus problemas más reales, sino que venía importado del norte. Quizá se habían equivocado al hacer sus apuestas durante los últimos años.

Pero, ¿quién es tan ruin como para sentirse con la suficiente superioridad moral para quitarles el derecho a elegir? ¿La democracia significa "libertad para arruinar tu vida si te apetece"?

Es evidente que la democracia tiene grandes fisuras. Lo vemos diariamente en países donde se ha elegido democráticamente a sus gobernantes, y éstos resultan ser tiranos que se apoderan para siempre del poder. Lo vemos en países donde se ha elegido democráticamente una opción política que se distingue por su extremismo para coartar las libertades de ciertos grupos sociales. Lo vemos en países que, sin que nadie se lo pida, son capaces de otorgarse aquella superioridad moral que mencionaba para resolver los problemas del mundo, cuando ni siquiera son conscientes (o cierran los ojos ante) de la carencia de libertades que tienen en casa.

En fin, ¿estamos a salvo de nuestras propias decisiones?

20.9.06

Teoría de la Comunicación

Lecturas. Evangelio según María Magdalena. Capítulo 3, versículos 15-19.

Un día llegóse a mi puerta un forastero. Tal como el Señor me había enseñado, le recibí en mi casa como un padre recibiría a su hijo al regresar de una jornada de trabajo. Le dí pan y vino y le ofrecí un lecho en que dormir, para refugiarse del frío de la noche sin estrellas. Tras varios días, ví que era el diablo, vestido con sus engaños, que me tentaba en un ardor amoroso que era pecado. Entonces el Señor me mandó llamar: "¿Qué tienes, María?". "Mis palabras son vanas, pues puedes leer en mi alma." El Señor me dijo entonces: "Si pronuncias tu sentir en alto, María, lo responderé. Y mi respuesta hará tus palabras verdad".

Teoría de la Comunicación.

Amén.

Soledades en equilibrio

- ¿Por qué no me has llamado?
- Estaba disfrutando de mi soledad.
- ¿Y ahora qué quieres?
- ¡Te necesito! ¿Dónde estás?
- En mi soledad. Me arrojaste a ella. Ahora la disfruto y no quiero salir.

Qué difícil es encontrar el equilibrio.

17.9.06

España, de psicólogo

Una de las mayores sorpresas de mi exilio italiano -reconozcámoslo, no fue para tanto, sólo tres meses- no la encontré en el descubrimiento de aquel país, sino en lo que ese viaje me permitió descubrir de mí misma. Además de llegar a comprender que puedo sobrevivir lejos de casa o que puedo hacerlo en compañía de personas ajenas a mi entorno -las trabas sociales que tengo en España siempre me habían hecho pensar lo contrario-, lo más extraordinario fue descubrir que amo a mi país. Sí, a ese mismo país que, desde el interior de la cazuela, siempre he criticado, denostado y detestado. ¡Gran repulsa a nuestra ruindad patria!

Y sin embargo, allí, todo eran elogios. Cosas del exilio.

Pude hablar con australianos locos de acento insoportable, que no parecían echar de menos su casa; con alemanes enfurecidos por la inferioridad de la organización italiana en todos los aspectos de la vida, respecto a la propia; con ucranianos que hacían gala de tintes extravagantes, mientras referían el caer de las hojas de los árboles en el otoño de su país, que resultaba ser, por cierto, el más grande de Europa; con eslovenos incapaces de comprender por qué no otorgábamos la independencia a los vascos -"nosotros quisimos separarnos y lo hicimos", me decía un muchacho de 22 años que parecía no recordar lo que era la guerra-; con iraquíes que huían de su hogar y buscaban una nueva vida en un país distinto; y con italianos que parecían ver en mi la personificación de una especie de fraternidad cultural basada, por encima de todo, en la sangría, el fútbol y otros tópicos.

Y cuando a mí me preguntaban por España, me brillaban los ojos y comentaba: "lo mejor que tiene, es que tiene de todo". España es para todos los gustos, una suma de paisajes de todo tipo; de culturas, de formas de ser y de pensar; de estilos de vida. España encierra todas las bellezas.

Y curiosamente, lo que me parecía más hermoso de mi país resulta ser su peor lacra. Dentro de la cazuela, la diversidad, la diferencia, deja de ser algo digno de celebrarse, para ser hervor de envidias. Porque tu tienes más que yo, y el otro, más que los dos. Porque cuando tú tienes frío, yo tengo calor. Porque hablamos en distintos idiomas, o en el mismo desde dos modos de vida tan diversos, que nos impide entendernos. Porque lo mío es mío y de nadie más. Porque no sabemos compartir, porque no hay idea de fraternidad. Porque el vecino de enfrente no es nuestro amigo, ni nuestra familia, es la mala suerte que nos ha tocado. Como un hermanastro feo que llega a casa, con la unión indeseada de nuestros padres. Pero cuando descubrimos que no es tan feo y, lo que es peor, que le ha tocado más en herencia... Entonces nuestra ira puede ser terrible.

Ese mal endémico nuestro, que nace y crece a lo largo de toda nuestra sociedad, en forma de envidias, de cotilleos, de demostraciones de orgullo, no es la envidia en sí misma. Cualquier psicólogo puede confirmarlo: somos inseguros y tenemos la autoestima por los suelos. Somos pobres de espíritu, y lo sabemos, y por eso nos preocupa si el vecino tiene más o menos, o qué nos podemos inventar o exagerar para criticarlo. Nos queremos poco, nos sabemos débiles, y por eso, para quitarnos los miedos, nos arriesgamos al máximo: un país de cobardes que se juegan la vida, para demostrar que son muy machos, en las carreteras o corriendo delante de un grupo de toros, eso da igual.

Quizá deberíamos dejar de mirarnos al espejo y empezar a mirar al mundo. Quizá así podamos descubrir que somos muy afortunados de tener lo que tenemos y de ser como somos. Quizá dejemos de avergonzarnos y bajar la cabeza cuando se habla de España. Porque España, lo peor que tiene, es un problema psicológico muy extendido entre sus habitantes. Y eso, en un par de sesiones, se cura.

13.9.06

Mujeres del Renacimiento

La burocracia es lo que tiene. Se sabe cuándo empiezan a pedirte documentación, pero no cuándo terminan. Esta vez era un formulario que tenía que cumplimentar con mis datos para entregar una solicitud que no viene al caso.

Y de repente, en la casilla titulada "Profesión" me quedé en blanco, sin saber qué escribir. ¡Qué paradoja!

Se me ocurrió que podía otorgarme el apelativo de "mujer del renacimiento", pero luego pensé que nadie lo entendería.

Si en la casilla donde pedían que especificara mi sexo hubiera escrito "varón", el dilema ni siquiera se habría planteado. Los hombres no tienen reparo en llamarse entre ellos "hombres del renacimiento", o ya puestos, "humanistas", dando por hecho que todo el mundo sabe lo que eso significa. Y sin embargo, muchas veces, ni ellos mismos lo saben.

Pero, qué extrañas se ven esas mismas palabras cuando están referidas a una mujer. ¿Es que durante el Renacimiento no había mujeres? ¿O es que no hay "mujeres del renacimiento"? ¿Será que las mujeres de aquella época nunca ejercieron como "humanistas"?

A lo largo de la Historia del Arte, las artistas han sido escasas y poco reconocidas. ¿Podemos pensar por ello que no existieron? ¿Podemos achacar esa horfandad de madres para la criatura artística a la necesidad de cumplir con un determinado rol social?

Muchos hombres se dedicaron al arte sin alcanzar el éxito, ni el reconocimiento, ni un mínimo nivel económico que les permitiese una vida digna, ni el respaldo social. Pero por encima de todo, vivieron con el arte y a través del arte, y lo hicieron con tesón. ¿Podemos creer que la determinación de una mujer por ejercer un oficio u otro, por vivir su vida, era tan débil como para frenarse por el qué dirán? ¿Es posible que ninguna se lo planteara siquiera? ¿Que ninguna tuviera el gusanillo de crear algo más que... niños?
¿Dónde estaban las mujeres? ¿De verdad eran todas tan cobardes? ¿O es que la Historia escrita por los hombres no las ha querido recordar? ¿O no las ha sabido recordar, porque no entraban en los "cánones"? Como la deformación de una imagen que el cerebro sabe enderezar; la ausencia de un píxel, que el ojo rellena sin que se lo digamos. Quizá los "hombres del renacimiento" no supieron verlas a ellas, las "mujeres del renacimiento".
Para más adelante, cuando tenga tiempo para recopilar, dejo la obligatoria tarea de colgar referencias a algunas mujeres artistas. Se lo merecen.
Eso sí, reconozco que querer ser una "mujer del renacimiento" sólo por ejercer una profesión más o menos creativa, después de haber cursado una carrera que no tiene mucho que ver con mi oficio actual, pero que no deja de lado la creatividad, es bastante pretencioso.

12.9.06

El pez grande y el pez chico

Juanito tenía seis años y un pelo crespo y rebelde que se hacía difícil peinar. Los mechones rubios se desperezaban desde la coronilla, mientras su madre intentaba ponerle el uniforme, para su primer día de vuelta al colegio, tras las vacaciones.

Había tenido a su hijo con mucho trabajo, después de numerosos tratamientos de fertilidad junto a su marido. Y por fin, con 37 años consiguió dar a luz a esa criatura tan esperada, amada, deseada... Ahora tenía 43 y cada vez menos energía para correr detrás de esa pesadilla revoltosa que era el rey de la casa.

Ni fuerzas para castigarle cuando se portaba mal, ni voluntad para ponerle límites. Su hijo era más que su vida, su sol. Y no hacía más que repetírselo, mientras le ofrecía golosinas con la sola intención de ver de nuevo su sonrisa llenar de luz la habitación. No había nada que Juanito hiciera mal, y si lo había, se olvidaba pronto.

Así que aquel primer día de colegio estaba siendo duro. No había nervios, ni emoción en la cara de su hijo. Sólo un llanto intermitente y reivindicativo, que su madre fingía no escuchar. Contra su voluntad, lo dejó a cargo de la maestra y se fue lentamente, tras miles de abrazos desconsolados, lanzándole besos tras el cristal de la puerta, tal como había leído que debía hacerse en los libros de psicología infantil que acumulaba en su estantería.

Los primeros días entre los niños fueron más de juegos y risas, que de cuadernos y libros. Y sin embargo, el insatisfecho Juanito no cambiaba su expresión enfurruñaba. Apenas hablaba con nadie. Los ojos vacíos nunca se posaron en los lápices de colores de su mesa, ni en los dibujos que adornaban las paredes, ni siquiera, en los pájaros que volaban tras los cristales. Respondía a la maestra con un mutismo insolente. A veces, en contrapartida, le gritaba y volvía a lloriquear.

Juanito, en definitiva, echaba de menos los mimos de su madre.

Así que decidió tomarse la revancha. Pataleaba. Tiraba de las coletas a sus compañeras. A la maestra le lanzaba los libros. Pellizcaba a las niñas y pegaba patadas a los niños. Desobedecía cualquier orden. Si le pedían que hablara, callaba. Si tenía que callar, los gritos se oían desde el pasillo. Pronto empezaron el puñetazo y el cabezazo contra la pared; las marcas de tijera en las mesas y los garabatos en libros ajenos.

La maestra no perdía la calma, acostumbrada como estaba a muchos casos como aquel. Pero las visitas al psicólogo del colegio o al despacho del director no tenían efecto en el niño. Y así las clases iban pasando y mientras los demás comenzaban a leer, él se disputaba la atención de todos, perdiendo una tras otra las oportunidades de avanzar.

Un día se miró al espejo y sin saberlo, empezó a ver una imagen que no le gustaba. Las golosinas y mimos de su madre le habían convertido en un niño gordo; su falta de atención, en un niño tonto. Y la ira le consumía. Ya sólo le quedaba una cosa: el miedo.

Y aprendió que el miedo era un arma. Aprendió que podía amenazar a su madre, podía decirle que había dejado de quererla, para conseguir cualquier cosa. Aprendió que podía sacar de quicio a su maestra, para que le castigara y le evitara asistir a una de sus tediosas clases. Aprendió que podía golpear a sus compañeros hasta que éstos le dieran su bocadillo, le miraran con respeto, evitaran discutir sus ideas o levantar la voz en su presencia.

Aprendió que su fama de matón le precedía, que podía reclutar a un pequeño grupo de vándalos que harían lo que él dijese, por miedo a un enfrentamiento con esa bestia en que se había convertido. Aprendió que podía aprovechar su influencia sobre los demás para conseguir que los "empollones", tristes debiluchos que no hacían nada más divertido que estudiar, le hicieran los deberes que él no quería hacer. Y así fueron pasando los meses y los años.

Siendo niña, un día trajeron a mi clase a Juanito, castigado. Era un año mayor que todos nosotros y creo que la intención del psicólogo era ponerle a prueba: demostrarle lo que se sentía siendo un año mayor, y estando un año por detrás de sus compañeros; demostrarle que ser "un año más tonto" puede ser lo suficientemente humillante como para hacerle cambiar de actitud. Pero fue inútil.

Con nosotros, Juanito cometía los mismos errores. Se lo conté a mi madre, atemorizada. Me sonrió y me dijo: "Tranquila, deja que pase el tiempo".

Y pasó el tiempo. Y Juanito también pasó, sin pena ni gloria. Y es que todos los imperios del terror, tarde o temprano, caen.

Gracias a Grumman por haberme dado la idea para esta historia, a través de esta entrada.

11.9.06

Y por fin, la belleza

Ese concepto que los teóricos, estetas y aficionados llevan ya miles de años queriendo definir, sin éxito. A veces está y otras no está, simplemente.

Y en Alatriste, la belleza está. O así se presenta ante mis bienintencionados ojos. Lo que me gusta de la película:

- Alatriste en sí mismo, por su orgullo mudo; su altivez mesurada o desmesurada, según el caso; su gesto digno; su honradez para consigo; su aire de fanfarrón venido a menos; su pose torera; su voz aguardentosa; su aliento de borracho; sus manos cansadas de amar y de matar. Porque era un hombre de verdad y no un retrato idealizado. Porque las circunstancias le habían hecho un cabrón, y no la voluntad. Porque hacía lo único que sabía y podía: sobrevivir matando.

- La luz de Madrid, de Sevilla, de Cádiz... La luz de los palacios y las chabolas. Por ser dorada y brillante o lechosa y fría, según sople el viento.

- La pincelada suelta, capaz de captar una mota de polvo en el aire quieto, del que iluminó la escena en que Alatriste duerme... Y despierta.

- La gota del lienzo del Aguador de Sevilla, de Velázquez. Y cómo fascina a Alatriste.

- La Capilla del Salvador, en Úbeda.

- "¡Y tú que sabes!"- que le espeta el protagonista a María de Castro, cuando ésta le dice que no está enamorado de ella. Por lo que dijo y cómo lo dijo.

- El collar que debía ser para María de Castro.

- La secuencia en el hospital de sifilíticas. Porque me hizo llorar, y a Alatriste también.

- Angélica de Alquézar tomando en mitad de unas escaleras la decisión más importante de su vida.

- Las tijeras que Angélica clava en el muslo de Íñigo, porque amor y dolor van de la mano.

- El reencuentro en la playa de Alatriste e Íñigo tras su liberación, porque vi a un padre perdonando los errores de su hijo.

- La breve escena de taberna del comienzo y lo que podría haber sido si a Quevedo, el todopoderoso guionista le hubiera dejado decir aquello de: "No queda sino batirse".

- Alatriste, recitando a Olivares un poema de miserias sobre el "sol negro" de Flandes.

- Las sombras y el triste augurio que envuelve la secuencia del claustro desde el comienzo. Las palabras que cruzan Saldaña y Alatriste después de haber intentado matarse.

- Las brumas de Flandes en la primera secuencia. El frío y la humedad calando los huesos. La tiritera de Guadalmedina y el pañuelo en la boca. No saber por dónde puede aparecer tu asesino. Angustia, miedo y resolución.

- La lluvia de Flandes, años después. Porque Íñigo ya estaba allí, porque todo era distinto. Porque Alatriste y él habían cambiado. Y porque la lluvia no perdonaba a nadie.

- El fiel Copons, por la honestidad del personaje y porque Eduard Fernández lo clava.

- El destello de genialidad de Dechent interpretando a la víbora malhablada, traicionera, nauseabunda, pero guasona y compañera, al fin y al cabo, que era Garrote.

- Ver que la muerte es sucia y barata.

- Quevedo. Echanove, ya no sé quién es.

- Javier Cámara, que me convenció de que era Olivares.

- La batalla de Rocroi, porque lejos de las gestas espectaculares de cartón piedra, al estilo Braveheart, aquí no se hinchan las virtudes de un ejército que está perdiendo, pero sí se refleja un valor que escasea: lo que hacen cuatro gatos -españoles- que quedan vivos después de una masacre, cuando le ofrecen una rendición. Apretar los dientes y seguir.

- La marcha de Semana Santa que domina el final de esta secuencia, porque conmueve asociar ese sentir del patetismo de la Semana Santa; a la entrega a una muerte segura por un ideal. Y también por las connotaciones que luego he sabido que tiene el hecho de que la haya interpretado el Regimiento Soria 9.

Y más cosas, que seguramente se desvelarían en un segundo visionado. Éstos que escribo son sólo los recuerdos más impactantes que conservo, diez días después de haber visto la película.

8.9.06

Primero, las malas noticias

De Alatriste, no me gusta:

- Que la película parezca un puzzle donde faltan piezas.
- Que algunos planos digan mucho, mientras otros dicen muy poco.
- Que las secuencias que tienen mucho que decir, se sucedan rápidamente y queden mal resueltas; mientras las que apenas dicen nada, acaparen una atención y una duración que las hace innecesarias y las convierte en aburridas.
- Que haya silencios incómodos, no entre los diálogos de los personajes, sino en mitad de ningún sitio, donde parece que falta la música.
- Que haya bruscos cambios de ritmo, no buscados, sino por ineficacia del montaje (o del guión).
- Que haya secuencias largas y aburridas que, además de no contar nada, ni siquiera tengan interés estético.
- Que haya un exceso de rotulación para tapar una evidente incapacidad para hacer elipsis temporales con el único uso del lenguaje cinematográfico.
- Que los planos de ambiente exterior de las ciudades sean tan escasos y, cuando los hay, tan cortos que apenas se vea nada.
- Que el trasfondo social y político de una época "engulla" a los personajes de la historia.
- Que no haya historia.
- Que los diálogos empleen un lenguaje propio de anteayer, en lugar de parecer sacados del siglo XVII.
- La secuencia del teatro, porque no se muestra un corral de comedias del siglo XVII, sino un teatro de hoy; porque es demasiado larga para no decir nada; porque no interesa; y porque Ariadna Gil está mediocre, sosa, lacia y sin gracia.
- La secuencia de las ovejas en el callejón, porque en ella, Malatesta y Alatriste pusieron las mismas caras que los jugadores de la selección española de fútbol cuando suena el himno.
- La batalla de Rocroi, que se echa a perder cuando los soldados españoles que van a parlamentar con los franceses no parecen moribundos, sino borrachos, provocando carcajada general.
- El asalto al barco holandés, porque parece rodado en plató y porque el fragmento de cubierta que se ve parece una pista de baile.
- La cacería, porque el ciervo parece rescatado de un documental de Félix Rodríguez de la Fuente y porque no me creo que un montaraz tan experimentado, soldado viejo y viejo zorro, sea tan torpe como para pisar una ramita y espantar al animal.
- El personaje de Íñigo, porque se dedica a dar bandazos de un lado a otro, sin llegar a ser nada concreto.
- El desnudo de Elena Anaya, porque para mostrar escenas de sexo, tendrían que haber desnudado también a Unax Ugalde. Si no, no tiene gracia.
- Las idas y venidas de Alatriste por el despacho de Olivares como si fuera Pedro por su casa.
- Algunos temas de la banda sonora, porque me recuerdan a otros. El de la guitarra, al Concierto de Aranjuez. El que, en mi subconsciente, he titulado como "el tema del deseo", que suena siempre sobre el rostro impávido de Elena Anaya, porque me recuerda demasiado a la Muerte de Isolda, en el Tristán e Isolda de Wagner y, al mismo tiempo, a la "versión" que ya hizo en su momento Bernard Herrmann para el Vértigo de Hitchcock sobre el mismo tema.
- Y por fin, no me gusta el no haber sido capaz de descubrir qué secuencia se rodó en Sevilla.

Las buenas noticias, más adelante.

7.9.06

¡Oh, capitán, mi capitán!

De Alatriste (2006), la fallida película monumental de Agustín Díaz Yanes, hecha de hermosísimas estampas barrocas, pegadas con engrudo casero, ya se ha dicho casi todo. Pero quizá sea este conocido verso de Walt Whitman, según se pronuncie en distintas entonaciones, el que mejor resuma el sentir de la mayoría de sus espectadores: desde las enloquecidas fans de Viggo Mortensen, algo más que la encarnación del "Hombre", con mayúsculas, según ha demostrado; a los entregados lectores de la saga y aficionados a un personaje memorable, engarzado en una época memorable, gracias a la letra de Arturo Pérez-Reverte. De los que, esperanzados, creían atisbar en esta película el glorioso futuro de la Armada Invencible del Cine Español; hasta los descreídos que iban escépticos al cine, guiados más por la curiosidad que por otra cosa.

Salvando la crítica en medios tradicionales, que ha proferido un vergonzoso y sonrojante, pero unánime aplauso; la del boca a boca, la de los blogs, que es la que ha empezado a mover el mundo mediático, también ha sido casi unánime, pero en sentido contrario. No voy a enlazar páginas, por no dar prioridad a unas sobre otras, pero lo que se puede leer en ellas viene a ser más o menos lo mismo: "lo que pudo ser y no fue", "quien mucho abarca, poco aprieta", "una oportunidad desaprovechada", etc.

Así que, ya sabemos que el problema de la película es de guión. Poca estructura, mucha tijera, personajes sin definir e historias sin hilvanar. Pero, ¿qué más?

Dado que la crítica objetiva ya está hecha, y muy bien hecha, por otros; mi aportación sólo puede ser subjetiva. Y sin más ambición que dar a conocer mi opinión personal -no seré yo quien condene a Díaz-Yanes-, me dispongo a relatar en una lista desordenada lo que me gusta, lo que no me gusta y lo que me hubiera gustado de la película.

En las próximas entregas de "Con la Mirada Perdida"...

5.9.06

Nunca te acostarás sin saber una cosa más

Mientras voy preparando con mimo mi crítica sobre Alatriste, que promete ser despiadada y feroz, a la vez que fervientemente apasionada y enternecedora, me veo en la necesidad de escribir una nueva entrada que, sin duda, irá a parar a la categoría que en su día titulé como "Revoltillo", por no tener ni pies ni cabeza.

Dos cosas de las que debo dejar constancia:

1. Hoy he aprendido que el agua de lluvia es agua destilada y por lo tanto no contiene esas sales minerales tan necesarias para el organismo. Así que, aviso para navegantes, nunca mejor dicho: si os vais de aventura y la cantimplora se vacía, si os quedais sin provisiones, no os salvará ni el agua de mar -esto ya estaba más o menos claro- ni el agua de lluvia. Antes, es preferible beber de un riachuelo que serpentea con dificultad en mitad de un pedregal; de un charco maloliente; o de vuestro propio orín. Y no sabría decir si éste es el orden de prioridad. Éstas son las cosas que mi enseña mi hermano el aventurero, tras salir con vida de su experiencia en Argentina. Seguro que cualquier boy scout mínimamente formado ya lo sabía, pero yo soy una chica de ciudad.

2. Buscando información sobre el mosaico romano que se conserva en el patio del Ayuntamiento de Carmona y que representa en su centro la cabeza de la Medusa, me he dado cuenta de que esta imagen es frecuente en las termas romanas y no dejo de preguntarme por qué. Cada maestrillo tiene su librillo, y cada historiador -o redactor, en su defecto- da su opinión sobre el significado de la presencia de este bicho tan supuestamente feo -que no lo es tanto- en un espacio termal. El asunto es que no he llegado a leer frases del tipo "la Medusa suele representarse en las termas porque...", como si nadie se hubiera dado cuenta de que se repite. Como si los que se han parado ha hablar de su Medusa, creyeran que es la única. Además, en este caso la Gorgona va acompañada de las alegorías de las cuatro estaciones, un motivo que, según este artículo, fue muy frecuente en época romana pero que curiosamente no tiene muchos ejemplos en España. Dicho artículo, aporta una foto como prueba de que, procedente de Palencia, existe un mosaico de esas características, al que consideran único en España. El ejemplo carmonense demuestra que no lo es.

Así que, si hay algún historiador más enteradillo que yo al respecto, le agradecería que me hiciera partícipe de su sabiduría. Y si no, a quien esté interesado, le emplazo a una investigación más allá de la red. Pero, ¿es que todavía se escriben libros de Historia? ¿Y hay museos que visitar?

31.8.06

Un lugar en el mundo

¿Tener mucho mundo significa tener poca patria? ¿Cruzar una puerta significa olvidar lo que hemos dejado a la espalda?

Para los que no tienen un hogar al que regresar, salir al mundo es más difícil. Y cuando lo hacen, es movidos por la necesidad inconsciente, instintiva, salvaje y animal de buscar ese hogar que han perdido, o que nunca han tenido, pero con otra forma, con otro nombre y en otro lugar. Es duro vagar en busca de ese hogar por un mundo que rechaza la entrada a niños de acogida.

Y puede que esté hablando de inmigración, o de refugiados políticos, o de pobreza y miseria, de hambre... O de todo lo contrario. De una vida con las necesidades cubiertas, pero con los bolsillos del alma bien vacíos.

En el recuento final, veremos quien tiene más.

30.8.06

Inventos que el mundo no necesita...

...pero yo sí.

Nunca me he planteado ganarme la vida como inventora, más que nada porque podría pasar demasiada hambre. Ni el más creativo puede presumir de tener ideas brillantes todos los días. Y aunque las tenga, no debería hacerlo. Lo habitual, en una persona hecha al ejercicio del duro trabajo intelectual -sí señores, pensar cansa- puede ser tener una o dos buenas ideas al año y mucho es. El resto de su actividad no es más que un buen envoltorio sobre las mismas ideas para mantenerse en el candelabro, que diría alguien.

Pero el trabajo de la invención no debería requerir esfuerzo, aunque sí cierta capacidad creativa. No se trata de inventar por inventar, sino de dar soluciones a problemas existentes. Por eso, mucho de los inventos realmente brillantes, esos que nadie esperaba, no son sino producto del azar, de errores de cálculo o de imprevistos varios. Los demás consisten en hacer más cómodo un producto a su consumidor, como los grandes inventos españoles, esos de los que nos jactamos constantemente: la fregona y el chupachups. Antes de hartarnos de meter palos por sendos agujeros, las mujeres -que eran las que hacían entonces el trabajo- tenían que fregar de rodillas; y los niños -que eran los que entonces comían caramelos- terminaban con la cara y las manos pringosos. Hacía falta, hacía...

Mi aportación al mundo de la inventiva no pretende superar este humilde listón. Y de hecho, lo que espero es que alguien recoja estas ideas para desarrollarlas algún día, sin pagar más precio que reconocerme el esfuerzo creativo con un "la sociedad lo estaba pidiendo a gritos". Y se entiende que el grito lo habrá dado este blog.

Cosas que echo en falta en este mundo, aunque no sé si es que ya existen, pero aún no las han traído a la tienda de chinos de la esquina de mi casa:

1. Un ordenador-entrenador. ¿Pasas ocho horas al día pegada a la pantalla de un ordenador? ¿Notas como se va hinchando la celulitis traicionera en las más insólitas partes de tu cuerpo? ¿Y no vas a hacer nada al respecto? El gimnasio estaría bien, si al llegar a casa no hubiera que fregar, poner lavadoras y preparar la comida del día siguiente. Claro, no hay tiempo para todo. El sexo es otra solución, pero con una vez al mes no se ejercitan suficientemente los abdominales. ¿Qué podemos hacer? Fácil: evitar el trabajo sedentario. No se trata de buscar empleo como escaladores o algo así, sino de hacer ejercicio mientras trabajamos. Muchos de nosotros pasamos tanto tiempo delante del ordenador que podríamos escribir y caminar al mismo tiempo, como hacen muchos con los mensajes a móviles. ¿Que no? ¿A alguien se le ha ocurrido instalar un teclado y una pantalla junto a los mandos de una cinta andadora como las de los gimnasios? Pues ahí está a la idea. De ahí, ya se puede sacar cualquier cosa. Puede que en vez de una cinta andadora sea una bicicleta estática, y puede que junto al ordenador se instale también una mesita portátil, con folios y bolígrafos o un teléfono con su base para que no se caiga. Hay un sinfín de posibilidades. Así, seguro que nos volveremos a ganar el pan con el sudor de nuestras frentes.

2. Un portabotellas de diseño. Sí, ya sé que esto existe. ¡Pero no son nada elegantes! Hoy me he visto llevando al trabajo un termo con té y una botellita de agua en una bolsa del Corte Inglés. Lo menos cool que se me ocurre vamos. ¿A nadie se le ha ocurrido que las chicas sanas, como yo, no compramos refrescos de lata en las máquinas de los bares de nuestros respectivos entornos laborales? ¿A nadie se le ha ocurrido que quizá nuestros bolsos no sean pozos sin fondo y que para evitar derramamientos sospechosos sobre nuestro dni y otra documentación importante conviene llevar las botellas separadas del resto de pertenencias? ¿A nadie se le ha ocurrido que ya está bien de hacerle publicidad al Corte Inglés, usando sus bolsas para todo? Pues eso es lo que pido, un bolso de mano, pequeño, adaptado a la forma y tamaño de una o dos botellas estándar, y bonito. No hace falta que tenga dibujos de flores, por favor.

3. Un entretienededos. Los fumadores y exfumadores me entenderán. ¿Qué haces con las manos si no estás fumando y por lo tanto no tienes nada que sostener, véase, un cigarrillo? ¿Qué haces si no estás hablando, sino escuchando, y por lo tanto no tienes motivos para gesticular? ¿Qué haces si no tienes bolsillos donde apoyar los pulgares? ¿Qué haces en la barra del bar esperando a que te sirven esa copa? ¿Dónde dejas los dedos? ¿Qué haces con ellos? ¿Te mesas el pelo? ¿Te colocas bien la camiseta, el pantalón, la falda, el vestido o lo que lleves puesto? ¿Miras la hora para darte cuenta de no tienes reloj de pulsera? ¿Buscas el móvil en el bolso para hacer como que te interesa mucho saber la hora que es? ¿Y cinco minutos después de haber llevado a cabo todo este ritual? ¿Entonces qué haces? Pensar una y otra vez lo que hacer con tus dedos. Echas de menos un juguete, una gomilla del pelo, un peluche de los que al apretarle la barriga emiten sonidos. Por eso propongo una idea para que sea desarrollada: se necesitan juguetes, aparatos, instrumentos o elementos varios que permitan y justifiquen hacer algo con los dedos, con las manos, mientras se está en el coto de caza. Quiero decir en discotecas, clubs, pubs y bares de moda. A ver si a alguien se le ocurre algo. A mi sólo se me ha ocurrido poner muelles en la barra, porque lo mismo pueden servir para tirar de ellos y ver como rebotan; como para meter los dedos, en el caso de los más osados; como para colgar el bolso...

4. Una percha divertida. Para que se vea, no para que sea algo digno de esconder en tu cuarto. Superado ya el trauma del galán de noche -que no sólo es un arbusto-, conviene salir del armario. Todos llegamos a casa exhaustos y sin ganas de pararnos una y mil veces a doblar la ropa y separar la que hay por lavar. No hay nada más reconfortante que desnudarte -para ponerte el pijama, se entiende- tirando la ropa por los aires sin preocuparte de cómo y dónde cae. Por eso, yo invoco a todos los diseñadores pertinentes, para que materialicen esta idea: un galán de noche que no sea galán, ni sea para galanes. Que sea una percha divertida, sin ton ni son. Un mueble que, si no tiene ropa encima, bien podría estar decorando un salón o expuesto en una galería de arte. Un estilizado, colorido y geométrico árbol que lanza sus ramas al cielo para permitirnos colgar en ellas nuestros ropajes, que penderán como manzanas maduras hasta el día siguiente. Alegría para un cuarto desordenado.

Y mi capacidad de inventiva no ha dado más de sí. Espero que alguien, algún día, ponga en pie estas ideas. Aquí tiene una compradora segura.

29.8.06

La Peor Estirpe

Aún en el umbral del siglo XXI, con la ilusión de tener todas las guerras ganadas y todos los miedos superados, nos hemos convertido en adictos a esas pequeñas comodidades burguesas de las que muchos dicen poder prescindir. Un vacío espiritual tan grande, que tiende a ser llenado con bienes materiales: una muchacha con hambre de amor, que se vuelve bulímica; un ser mediocre que se cree perseguido por el infortunio y busca la suerte en los juegos de azar, con su consiguiente ludopatía... Y el que más tiene más quiere. Porque quien más tiene, más ha perdido de todo aquello que era tan valioso y que no se encuentra en lo palpable.

Pero estos son casos extremos. Todos llevamos dentro, en mayor o menor medida, una frustración que nos hace vulnerables a la codicia material. Una frustración, que acompaña al hábito de no haber padecido nunca -o haberla olvidado demasiado fácilmente- una gran necesidad, como comentaba recientemente otro bloguero. En definitiva, no podemos renunciar a nuestras comodidades.

Por otro lado, la soledad -esa "enfermedad del siglo XXI"- llega a ser tan grande que, en ciertos momentos, para ciertas personas, bien podría llamarse aislamiento. A pesar de poder tener comunicación directa con Oriente Medio vía internet; servidos de satélites, agencias de noticias y programas barriobajeros en televisión; carecemos de comunicación directa con el más allá y con el más acá. No saludamos al vecino y hemos olvidado la historia, la ciencia, la filosofía y la metafísica. Hemos olvidado intentar comprender el mundo. Nuestras aspiraciones comunicativas quedan en aguas turbias, pantanosas, que no son río ni oceáno; en un duermevela que sirve para pasar el rato y evitar pensar que quizá ese rato era lo que llamamos vida. Y ya pasó.

Pero me estoy poniendo demasiado trascendental para el asunto tan simple que pretendía tratar. Y es que estos dos males de nuestra sociedad contemporánea -el aislamiento y la negativa rotunda a renunciar a nuestras pequeñas posesiones-, pueden unirse y generar una auténtica catástrofe cuando entra en juego "la peor estirpe" de trabajadores que existe: fontaneros, albañiles y demás chapuzas.

Así, una avería en casa, sea del tipo que sea, puede provocar una profunda crisis en nuestras cómodas existencias: habrá que renunciar a usar la ducha durante un día; o recurrir a un amigo o familiar. Pero en estos casos, ¿dónde se meten amigos o familiares? A veces fallan, otras veces ni siquiera existen.

Podría ahora hablar, como al principio, de frivolidad, de vacío espiritual, de lo poco acostumbrados que estamos a pasar cierta necesidad. Pero, bien pensado, ¿quién es capaz de ir a trabajar sin ducharse? Una persona que, por ejemplo, trabaje en un puesto de atención al público, seguro que no tendrá mucho público que atender durante esa jornada laboral -ahuyentado por el mal olor, claro está-, lo que, indirectamente podría suponerle un despido. Y si nos preguntamos qué puede suponer un despido para esa persona, tendríamos que abordar ya una reflexión que da para otro post sobre la relación de amor-odio que mantenemos con nuestros trabajos.

Pero no es preciso alarmarse. Siempre hay una solución. La llave que abre nuestras puertas es una llave inglesa y está en mano de la peor estirpe. Una serie de estafadores y timadores sin escrúpulos que conoce nuestros puntos débiles, que sabe que no podemos pasar más de dos días sin usar el cuarto de baño o la cocina. Y quizá, el gremio donde con más claridad se comprueba que el trabajo no se paga en función de criterios de calidad, rapidez o eficiencia; sino que impera una dictatorial ley de la oferta y la demanda, llevada a sus peores consecuencias. La desesperación nos lleva a pagar en mucho más de lo que vale un trabajo para salir del paso, para regresar a nuestra vida tranquila y satisfecha, saciada de sí misma. Y para que, pasados unos días de tedio, tengamos algo que contar: "No veas la que me lió el fontanero en casa el otro día..."

19.8.06

Apuntes para un Desnudo (Feo) de Espaldas

Incómoda con el post anterior, que quedó incompleto pero no puede ya ser completado, me atrevo a inaugurar esta nueva hoja en blanco dentro del mismo cuaderno, para incluir las ideas que se me van cayendo de las manos como las uvas en fin de año.

No se puede vivir a través del arte, porque eso significaría tratar de vivir a través de una ficción y la vida sólo es tal si se asume su carga de realidad (nunca de "realismo").

Puede que la belleza no exista. No se trata de que exista una multiplicidad de ideas de lo que es la belleza, tantas como personas capaces de tener una percepción estética. Sino que puede que quizá no exista ninguna y todas las bellezas que creemos percibir sean incompletas. De hecho, cada una de las bellezas que percibimos a lo largo de la vida está vinculada a nuestra insignificante existencia y sus insignificantes circunstancias, por tanto es más un cuadro patológico que otra cosa. Una pintura inacabada, real sólo en su momento, caduca un instante después. Personal, sí. Universal, no. Imposible, quizá. Como la perfección, negada desde su propia definición.

La belleza en la que he creído siempre, la que he buscado siempre, no puede ser esa belleza insignificante ligada a una subjetividad que es inferior, también por definición. Por eso, la niego.

El arte miente. El artista miente. La belleza no existe. ¿Hay algo más ingenuo y más absurdo que vivir buscando la belleza a través del arte?

¿No es la vida algo ingenuo y absurdo en sí, que con el paso de los años va dejando de serlo? Y no es que se vaya marchitando, sino que pierde en ingenuidad y en absurdo, para ganar en verdad, en sabiduría. El escepticismo es el camino fácil hacia una sabiduría falsa. ¿Cuál es el camino auténtico? ¿Hay un camino? ¿Es necesario que lo haya?

Desnudo de Espaldas

El arte miente. Deliberadamente y sin remordimientos. Sin piedad. Promete cosas que no pueden ser y vidas que no pueden ser vividas.

Mienten el arte y la belleza. O nuestra idea de arte y nuestra idea de belleza. Somos nosotros quienes nos mentimos. Nosotros nos engañamos.

Deseando encontrar un arte de verdad que me recuerde que estoy viva. Hastiada de melancolía, arriesgando el dolor. Renunciando a la belleza, asumiendo las cicatrices.

17.8.06

Sangre Derramada

Buscando información sobre la Necrópolis Romana de Carmona (Sevilla), he encontrado un artículo muy interesante, avalado por la Junta de Andalucía, que desvela los secretos de la investigación de uno de los conjuntos arquitectónicos más significativos del yacimiento: la Tumba del Elefante.


Llamada así por una escultura con forma de elefante hallada en su interior, este espacio que aloja también algunas urnas cinerarias, debería considerarse más bien como un santuario, dedicado a las divinidades orientales Cibeles y Attis. Sí, son ciertos los rumores: la Cibeles es algo más que la fuente donde se bañan algunos según gane un equipo u otro. Se trata nada menos que de una especie de Diosa Madre, generadora de vida y demás. Attis, mucho más desconocido, es algo así como un hijo para la Diosa Madre: un protegido, pero también un siriviente casto, amante y amado. Y el amor entre ambos dioses llegó a ser tan grande y tan imposible, que entre ellos hay historias de castración, mutilación genital, derramamiento de sangre... Todo muy desagradable. Pero termina bien: al final, Cibeles se apiada de su chico -que se había automutilado por ser incapaz de mantener la fidelidad prometida- y le resucita. Madre e hijo, amantes castos, entrega y sacrificio, muerte y resurrección. Quizá los más avezados estén ya sospechando haber leído esta historia antes...

El caso es que las coincidencias con ciertos ritos que nos son bastante más familiares van mucho más allá. El 25 de Diciembre los romanos celebraban el nacimiento de Attis. En primavera, durante el equinoccio, su muerte y resurrección, entre las que mediaba alrededor de una semana de diferencia. Se sacrificaba a animales y se hacían aspersiones con su sangre a los fieles. Muchos sacerdotes -que se castraban o al menos prometían castidad para ejercer como tales-, junto a otros participantes en las ceremonias, en medio de bailes rituales, cíclicos e hiptnóticos, girando sin parar cual derviches, se propinaban latigazos y se acuchillaban. ¿Por qué? Porque la sangre purifica, la sangre derramada era la que quitaba el pecado del mundo y tal y cual.

Por cierto, hay que destacar que, aunque extendida en todo el mediterráneo por los romanos, esta religión es originaria de Frigia, Asia Menor, actual Turquía. Y esto lo digo por los derviches y por los musulmanes.

¿Qué cuál es la relación con el Islam? Los baños de sangre. No, no estoy hablando de terrorismo. Sino de los clásicos ritos que año tras año podemos ver recogidos por los medios -más en prensa escrita que en la tele-, ritos llevados a cabo por los islamistas radicales chiís, que abundan en Irán. A lo mejor no se les quiere dar tanta publicidad a la brutalidad de esas prácticas, donde es fácil ver a una población entera propinándose navajazos y tan rojos como después de haber pasado por la tomatina, porque ahora, gracias a la guerra de Irak, se supone que los chiís tienen que quedar como los buenos y los sunís, pro-Sadam, como los malos. La historia dirá.

También se dan latigazos en Iberoamérica y todos nos escandalizamos. Como si no hubiéramos sido nosotros los portadores de esos ritos -¿qué hay de las divinidades precolombinas que se alimentaban de sangre humana, de corazones aún palpitantes? Como si no hubiéramos hecho lo mismo nosotros, 2.000 años atrás, claro está.

Quedaría como una tonta, o quizá simplemente como una mala copista sin criterio, si no hiciera obligada alusión a los cultos mitráicos, procedentes de Persia. Los paralelismos entre los cultos a Mitra y nuestro catolicismo son, si cabe, más evidentes que los relacionados con Cibeles y Attis. Además, todos los símbolos del cristianimo son parte de una cultura antropológica -que no religiosa- tradicional en todo el Mediterráneo. El agua purificadora, el árbol de la vida vs. la madera de la cruz de la muerte, de la que a su vez vuelve a renacer la vida por el sacrificio supremo, etc. No hay nada nuevo bajo el sol del Mediterráneo...

¿Quién se encargó de poner a todo el mundo de acuerdo para que los ritos de Cibeles y Attis, de Mitra, del Sol Invictus, y de tantos otros que circularán por ahí, se resumieran en la religión Católica? La historia dice que fue Constantino en el Concilio de Nicea del año 325, con el que quiso -y lo consiguió- sacar réditos políticos. Si no puedes con tu enemigo, únete a ellos. Y los cristianos de aquel tiempo ya eran muchos y muy poderosos para los romanos. Conste que todas estas teorías son de antes de que viniera Dan Brown a escribir El Código Da Vinci, que ahora todo el mundo le echa la culpa al pobre , cuando esto lo llevo escuchando yo desde que estaba en el colegio.

Pero muchos años antes de que los católicos se empezaran a ofender, al oír a los historiadores que negaban la autenticidad de sus ritos, así como de muchas de las claves, los supuestos misterios, que encierra su religión, ellos mismos se delataron. "Excusatio non petita, accusatio manifesta", dice el popular aforismo. Así que, cuando se dedicaban a saquear monumentos como la Tumba del Elefante, en la necrópolis de Carmona, deseosos de eliminar las inscripciones latinas grabadas en las lápidas, que aludían a Cibeles y Attis, ¿por qué lo hacían? ¿Por qué tanto odio hacia una religión con la que tenían tantos puntos en común?

Ahora la pregunta es, si la Historia ha podido demostrar, gritando alto y claro, que los ritos del cristianismo no son más que herencia de nuestra cultura antropológica; si es tan evidente que esos ritos, que no son en absoluto exclusivos del cristianismo, carecen por lo tanto de valor; ¿qué es lo que impide a los cristianos mirar por encima de esa capa de barniz que son los ritos para quedarse con la esencia del mensaje, tantas veces olvidado?

Quererse y dar sin pedir nada a cambio son las formas más bonitas y más sencillas de ser feliz. Yo me quedo con eso.

Por cierto, ¡visitad la necrópolis y la ciudad! Si os interesa el Arte y la Historia, no os la podéis perder.

Mass Media, Menos Info

Mientras mi hermano aparece en las portadas de la prensa local de la provincia argentina de Chubut; mientras su historia es ampliamente conocida, no sólo por periodistas sino por particulares -a los que mi padre telefoneó por error en busca de información-; mientras da ruedas de prensa para los medios de allí, al respecto de la traumática experiencia que ha vivido en los últimos días; aquí no se sabe nada. ¿Por qué?

Puedo comprender que la historia de dos españoles perdidos en la Patagonia durante tres días no tiene mucha chicha, sobre todo si son rescatados con vida. Puedo comprender que el asunto queda muy lejos del interés general -el concepto de "interés general" no deja de ser muy relativo. Pero... ¿qué habría ocurrido si las autoridades argentinas no hubieran llegado a tiempo? ¿Sólo los muertos son noticia? El morbo que da un cadáver moviliza a una redacción entera; pero un relato dramático con final feliz, no. ¿No se dan cuenta de que a veces nos gustaría leer -o ver, o escuchar- historias como esa para no perder la fe en el ser humano? Concretamente, en el ser humano argentino y en las autoridades de aquel país, a las que mi hermano y mi cuñada no saben ya como demostrarles cariño y agradecimiento. ¡Les han salvado la vida!

Y siguiendo el mismo razonamiento, si ningún periódico español de tirada nacional y mucho menos local, se hace eco de la noticia por considerarla de escasa importancia. ¿Por qué allí sí lo hacen? Si nuestra Protección Civil hubiera salvado a dos extranjeros que andaban haciendo turismo por un parque natural cualquiera en unas condiciones meteorológicas tan desfavorables como para dejarles aislados, ¿nuestros servicios informativos habrían contado la historia? Yo creo que sí. ¡Cómo nos gusta hacernos publicidad! Quizá los argentinos piensen igual...

Afortunadamente, después de una amplia pero infructuosa búsqueda vía internet y después de gastarnos un dineral en llamadas a medios argentinos, hoteles e incluso, como ya adelanté anteriormente, particulares, hemos conseguido hablar con mi hermano, que no había llevado consigo el teléfono. Sabemos que está bien, pero estamos esperando a que vuelva con ejemplares de la prensa argentina de ayer para conocer los pormenores de la historia.

Estoy por llamar a A3 para ver si se dejan de hablar de redes de prostitución y de asaltos a chalés en sus reportajes de A Fondo, y hacen un hueco a mi hermano y mi cuñada, ya que al menos les conocen de antemano por su aparición en Pelopicopata.

16.8.06

Perdidos en Argentina

Mi hermano acaba de aparecer, después de estar tres días aislado en una carretera de la Patagonia impracticable por el mal tiempo, pasando frío y hambre en un coche de alquiler. Hemos sabido que se había perdido únicamente después de recibir su llamada en la madrugada pasada, para informarnos de que estaba sano y salvo.

En el rescate de mi hermano y mi cuñada, tomaron parte dispositivos de seguridad de la zona e incluso una avioneta, que fue la que finalmente pudo localizarles, ya que el tránsito por carretera aún era muy complicado.

El diario El Chubut es el que más detalles ofrece de la noticia, muchos más que mi hermano, que seguramente no querría preocuparnos.

Aún no sé qué pensar de todo esto. En la foto tienen muy mala cara.