9.2.07

Nueva temporada de cine

Por lo poco que recuerdo haber estudiado en el colegio respecto a Rousseau, que podría resumirse en lo que viene a explicar este link, su presencia, su recuerdo, o la nostalgia de que no se le haya tomado nunca en serio, parece haberse extendido al cine que abre esta nueva temporada de 2007. Mis filósofos blogueros favoritos están llamados a corregirme si yerro, pero creo recordar que el gabacho este, que por cierto, resulta que era suizo, era el que decía aquello de "tor mundo é güeno", así al natural.

Mi primera película del año fue el fulgurante estallido de sensabilidad, que no ñoñería, y sensaciones diversas y fluctuantes, preparado como un postre de los de chuparse los dedos, por la hijísima, la Coppolina. Y lo del postre le viene muy al pelo, ya que de ellos había a montón en toda la cinta: dulces llenando la pantalla a base de ritmos ochenteros y neo-ochenteros, fresas con nata y rosa y blanco como colores principales de la casita de la Barbie en que parecía haberse convertido Versalles. ¡I want candy! ¡Plas, plas!

Pija casi por imposición, María Antonieta, dando nombre a la película, se hacía también con todos los planos que podía, encarnada sin mesura pero con encanto por la eterna vampirita Kirsten Dunst. Quienes echan en falta el documental de la BBC en esta coqueta obra de arte, han debido tener dificultades para captar las sutilezas, y los cañonazos, con los que se da a entender que esto no es una película sobre la Revolución Francesa, sino sobre una persona-personaje a quien sitúan como protagonista de una historia que le pillaba muy de lejos. Asistimos a un muestrario de percepciones, sin mayor intención didáctica que poner ante los ojos un punto de vista que nada tiene que ver con la lección de Historia: el punto de vista del que, desde fuera de la realidad, se ve abocado a tomar decisiones sobre ella.

Aquí el amigo Rousseau sale de extra, leído en una de las pseudotertulias de la reina con sus amigas. No está mal el rollo intelectualoide de la protagonista. Quizá tuviera inquietudes en este sentido, pero ninguna capacidad para ponerlas en práctica, por lo que se ve, al menos en lo que se refiere a medidas sociales porque la sociedad no existía en la película, y por ende, en su vida.

Eso sí, hartita como debía estar de llevar esos vestidos tan incomodísimos, y esos peinados que seguramente costaría mucho desenredar, María Antonieta se decidió a buscar una pureza física, anímica y emocional, similar a su idea de lo que debía ser el hombre rousseaoniano, en su Petit Trianon. En estas secuencias, vemos como se reconstruye un modo de vida bucólico de la reina con sus hijos, con sus amigos, con las gallinas, con la ovejita de norit... En fin, un nuevo paseo entre algodones para caer en lo que todos sabíamos, pero nadie verá al final. Una muerte que le ha tocado en suerte, como la vida, que también fue obra de la lotería.

Donde si entra en juego con rotundidad el mito del buen salvaje es en Apocalypto. Desconfiaba por venir anunciada de la mano de Turismo de México. Pero como narración audiovisual no está mal, con mucho ritmo, intensidad, tensión, emoción... Una pasada para los amantes del cine de acción que no necesita caer en los tópicos de las explosiones, fuegos artificiales y trucos de magia.

Eso sí, a Mel, se le ve el plumero. Aquí viene a decir que éramos todos felices hasta que llegó la civilización. En la mítica aldea maya del protagonista, todo es tan bucólico como en el Petit Trianon de la reina sin cabeza. Hay amor, cariño fraterno, respeto por los mayores, sabiduría antigua heredada de generación en generación... Pero resulta que vienen los malos, los de la capital, a conquistarles. Sin mediar palabra, lo arrasan todo y se los llevan como esclavos. Y claro, llegar a la ciudad es ver la decadencia, la corrupción. Cosas de las estructuras sociales y económicas, supongo. A partir de ahí, todo es escapar para el protagonista, Garra de Jaguar, que, como buen héroe de acción, no muere ni enterrándolo en cal viva.

Al final se libra de todos los malos, que daban auténtico miedo -¡qué bueno es ver actores desconocidos trabajando tan bien!-, y rescata a la chica. Como buen héroe de acción.

Lo curioso es que todo había empezado con un mal presagio. Claro, viendo la cinta, es lógico pensar que el mal presagio era la cercanía de esa civilización a punto de destruir de un torpe manotazo sus tranquilas vidas. Pero los malos mueren, el héroe escapa y el mal presagio continúa. Entonces, el espectador podrá ver aparecer en el horizonte las naves españolas y descubrirá el mensaje final de la película: ¡los malos somos nosotros! Los malos, somos todos. ¡Si es que no se puede vivir en sociedad!

4 comentarios:

Gregorio Luri dijo...

"El infierno son los otros", decía Sartre.

umla2001 dijo...

Claro, el miedo a lo ajeno, a lo extraño, es una constante en la historia de la humanidad. Si Sartre ya lo decía, ¡qué voy a decir yo!

Leyendo esa cita y releyendo el texto me he dado cuenta de que el auténtico punto en común de las dos películas y de los dos personajes protagonistas es precisamente el aislamiento.

Sobre "Los Otros", también hay otra peli que me encantó, por cierto, y que va un poco en ese mismo sentido, aunque para algunos no sea más que una película de miedo.

Saludos.

Calle Quimera dijo...

No he visto la peli Apocalypto, pero por lo que cuentas parece ser que a los guionistas se les olvidó mencionar pequeños detalles de esa vida bucólica, idílica y roussoniana de los mayas: el sistema de terror que imponían a sus vecinos, el bonito deporte de jugar al "fútbol" con cabezas cortadas a sus enemigos, los sacrificios humanos... Tampoco es que los españoles llegásemos allí con guante de seda, la verdad...

Tu conclusión es inapelable:"Los malos somos todos. No se puede vivir en sociedad"

Felicidades por el artículo. Un saludo.

Isabel Romana dijo...

Entiendo que la película de Maria Antonieta no mere la pena ir a verla. Suelen interesarme las biografías, pero si es como apuntas, está claro que no pasaré por esa taquilla. Besos.