26.4.07

Biblioteca

Para un historiador del arte, no hay nada más jugoso que las relaciones de bienes que solían hacerse tras el fallecimiento de los artistas. Las posesiones materiales, tantas veces desprestigiadas y vilipendiadas; aquello que rodeaba al artista en su estudio; o aquel objeto que habitaba en su casa pero al que nunca prestaba atención; permiten contextualizar a la persona, más que al artista, como creadora de sus obras. Permiten trazar un mapa de su memoria sensorial y emocional.

Pero entre todos los bienes relacionados, si hay algún tipo que sobresale por permitir entrar a escondidas, mirando por el ojo de la cerradura, en la mente del creador, es el material bibliográfico. No sé cuántas veces habré leído aquello de "Pacheco tenía en su biblioteca un ejemplar de nosequién, lo que explica que adaptara las ideas tales a los tipos iconográficos de la pintura del último manierismo sevillano -o protobarroca, que también suena mucho-".

Las bibliotecas ejercen fascinación sobre aquellos deseosos de entender el proceso creativo. Cómo de aquel libro se extrajo una idea, que se desarrolló con ciertos principios establecidos en otro libro, y con una retórica parecida a la de una obra concreta, dando lugar a una elaboración personal de todo ello.

Quizá estamos cayendo en el error de aquel cinéfilo que, alabando un plano de Fritz Lang con un contenido semántico en su composición que sólo tenía sentido para él, le preguntó al maestro de dónde surgió tal hallazgo, a lo que Lang contestó: "No tenía otro sitio donde poner la cámara". (Lástima no recordar la cita exacta, pero hablo de memoria de una clase de Historia del Cine a la que asistí hace más de cinco años).

El material bibliográfico es inflamable, nos puede hacer estallar las ideas en la cabeza sin aviso previo; así que hay que manejarlo con cuidado. Un libro en una biblioteca puede servir, entre otras cosas, para coger polvo. Puede que su dueño no lo haya abierto jamás, o que sólo lo haya hojeado; o que tras leer las primeras páginas, lo haya desestimado por petardo pestiñoso. No podemos pensar que todas las lecturas actúan en la mente de sus lectores con la misma fuerza ni con el mismo empeño; no todas influyen por igual. Y por supuesto, leer diversos libros no nos obliga a relacionarlos según una estructura de pensamiento que sólo está en el erudito que posteriormente estudia ese hábito bibliófilo.

Y todo esto me hace pensar en las pistas que dejamos a los demás a través del blogroll, o de los links que aparecen en nuestra página, o de las páginas que visitamos pero de las que no queremos dejar rastro, esperando que el tiempo lo borre...

Seguro que los historiadores del futuro harán conjeturas con toda esta información.

Y hablando del asunto, tengo que referenciar las dos lecturas que me han influido para escribir este post: esta y esta.

3 comentarios:

Proyectodefilosofo dijo...

Pues yo entre mis links tengo cosas como "El muñeco whisky"...
Va a quedar para la posterioridad mi afición al alcohol :D

Yo me imagino que los historiadores se lo pasan genial reconstruyendo el proceso creativo, que igual solo está en su cabeza como señalas.
¿Pero si no se dedican a eso en que van a ocupar su tiempo esta buena gente? :)

sergio m. mahugo dijo...

Pues creo que hay hasta una tesis doctoral en marcha precisamente sobre ese tema, umla: cómo construimos identidades virtuales a partir de determinadas pistas que dejamos en nuestro blog. Qué bueno es leerte siempre!

umla2001 dijo...

Proyecto, supongo que un buen historiador antes de dar como un hecho válido que ese link corresponde a una desmedida afición al alcohol, se detendría a leer la página, rastrearía con qué frecuencia la visitas y comentas en ella, y qué tono tienen tus comentarios.

Sergio, no tenía noticia de que se estuviera estudiando ese asunto con tanto detalle. Pero no me extraña. Cada vez creo con más firmeza que la labor del periodista y del historiador tienen mucha relación: uno escribe sobre el presente y el otro sobre el pasado, pero al fin y al cabo, tienen que recurrir a las fuentes con el mismo rigor y objetividad.

Saludos.